Platos fríos

No son menos apetitosos que los recién cocinados, no se crea, señora. A veces incluso es bueno dejar macerar alguna cosa en aceite o en el adobo que corresponda, para después proceder a su ingestión. Incluso sabe mejor. Puede que exija esperar más tiempo del acostumbrado, que a lo mejor casi se olvide de que dejó algo en una bandeja inferior del frigorífico. Pero sólo tiene que echar mano de él cuando llegue su tiempo justo. Porque todos somos arrieros, y en el camino nos encontraremos. Hoy estoy por pensar que en este mundo queda algo de justicia. Y vamos a aplicarla a quien durante demasiado tiempo ha dictado sus personales leyes. Veremos por donde le sale tanta dignidad acumulada.

Ignóreme, señora. Desvarío. Quédese con que Gregory Kunde cantó un Arrigo en Turín de esos de bravear hasta el infinito y un poco más allá. De lo demás se ocupará mi negro subconsciente, que es vengativo y rencoroso. Casi como esta profesión mía.

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