Más errores

Las personas públicas también los cometen, créame señora. Acaba de incurrir en uno un concejal compostelano (su filiación política es indiferente para mi reflexión) siendo detenido ebrio al volante (aunque con el coche parado en un semáforo) por la policía local y sobrepasando notablemente la tasa de alcohol permitida por la ley. Es una infracción grave, sobre todo porque ello implica tener que comparecer ante el juez, por la comisión de un posible delito contra la seguridad ciudadana. No es, ni de lejos, una conducta que se pueda disculpar. Pero cuando el legislador redacta los códigos penales, está obligado a guiarse por un criterio de proporcionalidad: no es justo el mismo castigo para quien roba en un supermercado un paquete de galletas que para un violador o un defraudador de impuestos. La política no entiende de proporciones. Este edil, joven promesa de su partido, ve cercenada de cuajo su carrera política por este error, que manchará su currículum de por vida. Suficiente pago va a hacer, a mi juicio, siendo sancionado por la justicia y sufriendo el escarnio público como para, además, soportar esta otra pena social, más moralista que otra cosa.

En fin, esto es el mundo de la política. Si haces las cosas, al menos que no te pillen. Porque los tiburones no perdonan.

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