Y de repente…

…se produce la magia, la repentina iluminación que lleva de una web a otra, empalmando un avión aquí con un tren allá, buscando un hotel a medio camino entre la estación de autobús con el teatro, aprovechando un descuento para menores de 30 en la compra de las entradas, y sin comerlo ni beberlo has montado una escapada de tres días a Turín, por poner un ejemplo al azar (seguro que sí). No contabas con que Gregory Kunde y la Radvanosky cantaran las Vísperas Sicilianas (en italiano, como Dios manda!), ni enganchar esa función con el Werther madrileño de dos días más tarde, al que vas por gentil invitación de los buenos amigos. Y así, de la nada, se organiza un sarao, una conspiración de elementos ajenos a mi voluntad para evitar mi ahorro y conducirme irremediablemente al disfrute operístico. No es culpa mía. Me nacieron así.

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