Anna Arkadievna Karenina

Se acabó mi nuevo tránsito por tierras literarias rusas. Ha sido largo, placentero por momentos, pero me deja un regusto más amargo que el anterior viaje de “Guerra y Paz”. La Karenina estaba ahí como una cima por escalar, y tras conquistarlo, ahora giro la vista atrás y relativizo el halo místico que la envolvía en el pasado. Hay maestría en el relato de Tolstoi, en su capacidad para desentrañar los sentimientos humanos, para dibujarlos con una precisión milimétrica. Pero hay también algunos excesos moralizantes que me son innecesarios, aunque supongo que tienen una justificación en el tiempo de publicación de la novela. Por encima de todo, no obstante, destacan los personajes de Anna, Lyovin y Vronski. Y particularmente, los dos primeros: una, con dudas sobre el amor; otro, con inquietudes sobre política, religión, moral y economía agraria. El rebosante talento del autor en el retrato de éstos dos protagonistas yerra a mi juicio cuando los convierte en dos paranoicos en potencia, dos seres dominados por irracionales pensamientos que reviste de lógica para acometer las más absurdas acciones. Al contrario que la piedad que generan algunos personajes de “Guerra y Paz”, en ocasiones este libro mueve a la desidia. En todo caso, una lectura recomendable, a la que le sobran las últimas setenta páginas (una nueva reflexión tolstoiana ajena al espíritu de la historia). Ya no se hacen novelas así.

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