Mutar, evolucionar

Esta es una bitácora muy curiosa, señora. Ya ve, todavía se guardan en el baúl algunos escritos de los orígenes del blog, aquel tormentoso 2005, hijo de sus circunstancias, que sin embargo tuvo un carácter taumatúrgico, un fondo terapéutico que puso las bases para el Quillo que ahora viste y calza. Visto desde la distancia, pudiera chocar la contemplación de pasado y presente. Siento en ocasiones la tentación de borrar el ayer y dejar sólo el hoy más inmediato, aquello que reflexiona sobre mi alrededor y no sobre la primera persona del singular. Sin embargo, sería un acto de traición no hacia quien acaba aquí por error, sino hacia mi mismo, una negación de los orígenes bastante absurda. No me avergüenzo de lo sentido y sufrido entonces, como tampoco de lo disfrutado poco después o de los periodos intermedios de lánguidas insensibilidades. Sería una hipocresía innecesaria. Muy al contrario, destilar las primeras ideas que se publicaron años atrás son el mejor manual para entender la desquiciante por momentos personalidad del autor. Paciencia, señora, si tropieza con ellas y necesita gaseosa, no se extrañe. Es un síntoma de cordura.

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