El lugar del saber

Otro topicazo. “El saber no ocupa lugar”. Pues buenas estanterías me roban los libritos y los discos, señora, ¡cómo se nota que usté no los limpia! En plena efervescencia consumista, he vuelto a sucumbir a los terribles encantos de la sección de libros de una gran superficie (don Isidoro debería hacerme accionista), para traerme a casa dos títulos que espero me reporten tantas satisfacciones como euros me han sisado por su compra. “Los miserables”, de Victor Hugo, y la “Anna Karenina”, de Tolstoi. Los clásicos, oiga, siempre vuelven a casa por Navidad. En estas fechas del pasado año (o aproximadas) me lanzaba en brazos de “Guerra y Paz”, y ahora lo hago con estas obras colosales de la literatura. Qué hermosa sensación la de confiar el placer de uno en las páginas de una buena (y extensa!) novela. Qué sentimiento tan difícil de encontrar en las artes contemporáneas y que nos obligan a montarnos en la maquina del tiempo para viajar al pasado. Ya le contaré, señora, porque la voracidad lectora solo alimenta las ansias creadoras. Y esas algún día explotarán. Créame.

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