Uno menos

Como quien no quiere la cosa, así de repente, se ha acabado noviembre. Un mes de frío menos, aunque en su despedida nos esté dando sopas con ondas gracias a un frente gélido que deja tiritando esta esquina peninsular. El invierno ya lo contabilizo así, descontando meses hasta que aterricemos en marzo de nuevo y entonces sea la cercanía de la primavera la que me mude el humor. Solo tengo una petición para esta época: no volver a ver nevar en Compostela. Para usté las estampas bonicas, señora. Que cuanto más pegue la rasca, este oso menos se prodiga por las calles, y hay una vida social que mantener.

Y por cierto, el sábado no me llame. Me encamino a una nueva década y comienzo a sentir vértigo. La revejez se me aproxima de forma inminente. ¡Ay, la juventud que se me escapa!

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