¿Hacia dónde?

Las preguntas, casi siempre las mismas preguntas. Por qué tal cosa, por qué no tal otra, quizás esa persona, alguna vez aquella otra, cómo ocurrió, cuándo dejó de ocurrir… Pero la que más me inquieta de todas es el hacia dónde. En la vida creo en que hay que ir cubriendo etapas. ¿Pero cómo sabes cuando completas una y debes saltar a la siguiente? Veo amigos míos que cierran una fase y dan pasos hacia otra en pareja, asentándose y poniendo una dirección muy clara, que les conduce a una familia, a unos hijos, a una estabilidad. Yo no me veo. Nunca me he visto. Y no sé si me llegaré a ver en algún momento. Hacia dónde. Quizás me atormenta de alguna manera la impaciencia por no poder extender la mano y agarrarme al asidero en el que tengo depositadas las esperanzas. Quizás es sólo un mal día. A veces también cansa confiar siempre en el poder curativo del sueño y el descanso. Casi tanto como que esa cama esté siempre vacía por incomparecencia sobrevenida. Me anestesio con arias, limpio la herida con viajes, la coso por las noches. Y se vuelve a abrir a la mañana siguiente. Cada escena, cada imagen, cada charla resquebraja el hieratismo vital que me sirve de decorado mientras espero algún tipo de revelación, de convicción caída del cielo que abra los mares de las dudas y, como Moisés, me enseñe el camino.

Pero por otra parte, ¿acaso la vida es una visita guiada por lugares comunes? Necesito a Puccini más que de costumbre. Le espero en Sevilla. Quizás su música me indique por dónde no debo caminar. Y el resto, será cosa mía.

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