Socializar

Hay días en los que a uno no le apetece compartir tiempo con sus semejantes. Ni siquiera la remota sensación de obligación moral se antoja suficiente para hacerle cambiar de ánimo. Entonces, ¿por qué narices se duda y no se hace lo que realmente le viene en gana a uno? ¿Por qué tanta preocupación por las reacciones que tienen nuestras acciones cuando de ellas no se derivan hechos sino simplemente ausencias? Hay días tontos, que se tuercen casi sin darse cuenta, sin razón (aparente o no), y solamente el refugio de la soledad se revela como el cobijo adecuado. Y encima piden que se sonría…

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