“Está la cosa jodida”

Los españoles somos gente pragmática, que es como llamarnos "resignados con clase". Tragaderas que tenemos, señora, que en mes y medio nos suben los impuestos, nos congelan las pensiones y retrasan la edad de jubilación dos años, recortan el sueldo a los funcionarios, la reforma laboral torpedea el empleo de calidad y bien remunerado, pero eso de criticar al poder establecido está mal visto y nos quedamos con el "está la cosa jodida", y esperaremos a que escampe. Asumimos con naturalidad que se nos explote, que los que vivimos dentro de la ley soportemos el peso del sistema mientras fuera de ella, en la economía sumergida y el dinero negro, se subsiste a golpe de ayudas públicas. Porque en el fondo la gente tiene que vivir, ¿no? Y así trampeamos, y pasan los días, y dejamos que sea la inercia que nos rodea (o más bien, los que pagamos impuestos) la que consiga que la coyuntura cambie de signo y el negro pase a gris, y quién sabe si a blanco algún día no muy lejano. Al menos hay fútbol, gratis total, y la masa obrera puede sofocar sus penas con "la Roja", que ha decidido pasar a la historia de los Mundiales en mitad de la peor crisis económica de los últimos setenta años, cambiando la conversación de los bares de Zapatero al partido con Alemania.

Si a eso le suma usté que en las televisiones de la derecha se emiten videos explícitos de abortos sin censura alguna, a cara descubierta, y que se reabra el debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo a estas alturas de nuestra democracia; y que en las de la izquierda andan a vueltas con las queridas de un torero, la ruptura (o no) de la chica esta de San Blas a la que se le cae la nariz y que se autodenomina "princesa del pueblo", las paternidades de los hijos de modelos cuarentonas que ya no valen para lucir y tienen que seguir viviendo del cuento, de peleas en directo de chafarderos de cuarta y de festejar que ser gay es una bendición frente a la intolerancia hetero; pues yo le digo que sí, señora, que "está la cosa jodida", y que en vacaciones pretendo refugiarme en mi balneario como si estuviese en las mismísimas Bermudas, ajeno a la realidad atroz y bananera que me rodea, al debate turbio de ideas en color sepia, a las modas de las tendencias "modernas", y en definitiva, a todo aquello que me saque de mi Cruzcampo y mi libro.

Me estoy poniendo insoportable con la necesidad de las vacaciones, lo sé. 16 días, ni uno más!!

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