(In)sensibilidades

Soy un tipo frío. Demasiado. Incluso en el calor de la noche. Me siento como la lava cuando sale del volcán, que en sus primeros momentos fuera del núcleo está incandescente, pero conforme se desliza por la montaña se va solidificando, hasta acabar como un simple pedrusco al llegar al valle. Supongo que es una pose ante la vida. ¡La coraza, señora, la de tiempo que hacía que no hablábamos de ella! Ser un canto rodado no es fácil. Porque a veces uno quisiera derretirse, y simplemente no le sale; busca abandonar la insensibilidad o aparente apatía para irradiar calor, y fracasa con estruendo; intenta imprimir calidez a palabras, gestos y miradas, y sólo propaga ráfagas gélidas de indiferencia. Es muy triste. Son las formas traicionando al fondo, el ruído distorsionando el mensaje, la lluvia despintando el mural de la pared de nuestros sentimientos. Pero nos queda la palabra. Y los gestos.

Me gustaría ser de otra manera. Una vez lo fui. No sé si lo añoro. Tal vez. O quizá tan sólo deba exigirme ser capaz de expresarme mejor, explicar lo que bulle por mi cabeza, y simplificarlo todo. Quién sabe si así consiga ordenar esta atribulada existencia, probablemente atravesando un momento único e irrepetible. Vivamoslo y alarguemos su duración todo lo que podamos. Merece mucho la pena.

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