Los días malos

Son como los gases, que los tienes y cuanto más los contengas dentro, más te hinchas y malestar producen. ¿Solución? Soltarlos. Hasta aquí el simil funciona más o menos, porque en el caso de los días malos hay que buscar una forma de expulsión algo menos sonora y escatológica. A veces uno piensa que el sueño tiene una función taumatúrgica, y que tras el reparador descanso se dejan atrás las malas experiencias. Puede. Pero antes hay que buscar un purgante anímico, de modo que cuando uno llega a la cama está purificado y se limita a recargar las baterías. Luego está tomarse unas copas. En ocasiones no es la solución, porque tampoco estás de humor para socializar, aunque en otros momentos sea la fórmula más idónea. ¿Leer? ¿Sintonizar con Verdi en la intimidad? ¿Matar marcianos? A veces ni yo mismo me conozco, ni sé cómo curarme los males eventuales. Quizás la risoterapia buenafuenteña surta efecto. O quizás sea el tiempo, siempre el tiempo, a quien recurra para aprovechar su poder sanador. Necesito unas vacaciones.

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