Tiempos y ritmos

Heme aquí, viernes noche, sentado delante del ordenador mientras la noche es joven ahí fuera, en la piedra compostelana, disfrutando de las primeras noches de calor de estos extrañísimos estíos galaicos, ora sol, ora aguacero. Confluyen algunas razones, unas explicables, otras no tanto. Las primeras: cansancio, aburrimiento, precariedad financiera (sí, señora, sí), mal humor, desánimo general. Las segundas, pues eso, me las guardo debajo de la cama, no vaya a ser que invadan mi salón. Cómo cambian las cosas de un mes a otro, de un mayo desbocado a un junio más sosegado y contenido. Me sorprende cómo en tan poco tiempo mudan nuestras necesidades, nuestras inquietudes respecto el día a día, cómo adecuamos el bioritmo a cada estado anímico. Un ser complejo el ser humano. O puede que todo esto sea palabrería, y en realidad sólo quiera llegar a la cama para cerrar los ojos y soñar.

Soñar. Sano y barato. Y necesario en tiempos de crisis. ¿Sueña usté, señora?

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