El principio del resto de tu vida

Nuestra existencia en ocasiones es un camino que no tiene marchas atrás. No es una mera senda que transitamos y en la que, llegado el momento del arrepentimiento, desandamos hasta un lugar más habitable. A ratos consiste en cruzar puentes que se derrumban a nuestro paso y que a nuestra espalda sólo dejan un profundo precipicio, de alegría o pesar, que jamás habrá de ser cruzado de nuevo. No obstante, siempre he sido muy reacio a la hora de concebir esta metáfora, porque los caprichos del azar a veces nos conducen precisamente al otro lado del barranco, aquel que pensamos que jamás volveríamos a ver. Puede ser un caminar decidido, una ruta tomada con premeditación, o fruto del destino, esa fuerza que está detrás de algunas de nuestras decisiones vitales. 

Ahora mismo sigo escuchando el rugir de las piedras que se desmoronan cuando acabo de cruzar el desfiladero, y alejan de mi el pasado. Con calma y sin prisa, me echo a la espalda el morral de lo vivido y me dispongo a deambular por el principio del resto de mi vida, un paraje que deseo agradable y placentero. No quiera entender, señora, que no hubo placer tiempo atrás. Mucho, muchísimo. Pero tocaba cambiar. Y quién sabe… Salimos de la estación y continuamos el viaje en busca de nuevas experiencias. De eso se trata la vida. De eso, y de otras muchas cosas que no se dicen con palabras.

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