Estadísticas

Números propios, oiga, y no tomados prestados de ningún estudio chuflero de por ahí. Dice WindowsLive, este benefactor que gentilmente me cede este espacio web para colgar mis pamplinas y que tan escrupulosamente vigila mi blog para que en él no haga apología del desnudo colgando cuadros de Gustav Klimt, que desde que abrí este chiringuito han habido 30.000 visitas. Dicho así, parecen muchas. Pero comparadas con las ocho millones diarias que tienen webs como el diario El Mundo, pues imagínese señora el pedacito de mierda que soy. Sin embargo, esas 30.000 tienen un valor para mí sobrehumano. Porque puede que en el fondo hayan sido solo diez personas, ante lo cual habrían entrado 3.000 veces cada uno a lo largo de los cinco años de blog, que repartido sale a 600 veces al año, o lo que es lo mismo, casi dos veces al día. Y para serle sincero, dudo que haya nada en esta bitácora que justifique perder tiempo dos veces en una misma jornada. Una vez a la semana, a lo sumo. Dos veces al mes, y va que chuta. Y al ritmo al que escribo últimamente, casi cunde pasar en cada cambio de estación, porque ya me vale.

En cualquier caso, estadística aparte, poco a poco me temo que el blog está dejando de tener la virtud terapéutica que tuvo en sus orígenes, y ya no es bálsamo de mis males, y tan siquiera conciencia ante mi realidad más inmediata, porque ésta tiene ojos e incluso sabe leer y amenazar cuando lo escrito le disgusta. Sé lo que me digo. Ahora cuelgo más inquietudes generales, algunas anécdotas y vivencias de ese mundo llamado ópera. Ains, aquel abril de 2005, qué lejos queda, cuántas cosas vividas, cuántas tantas disfrutadas y qué pocos malos momentos dignos de mención. Me reconforta, por otro lado, descubrir que algún amigo (algo olvidado, admito) ha retomado la senda terapéutica de escribir para los demás. Me miro en él y me recuerdo. Y ahora ejerzo de acicate para que abandone ese estado transitorio.

Y me viene al caso una postrera reflexión: qué fecundo es el desamor para la inspiración, qué estéril es la felicidad, que pobres somos todos y qué frío se gasta este invierno. Señora, cierre la puerta que entra el biruji.

PD: Ah, y gracias a todos. No teníais por qué.

3 comments

  1. Pues nada, felicidades. Yo, que conste en acta, no soy de los que te visitan dos veces al día, lo siento. No me pagas lo que acordamos, así que yo tampoco cumplo mi parte.Lo de tu realidad inmediata se entiende sin más explicaciones. Y nada, espero que no te desanimes y sigas escribiendo, que al menos a mí me gusta leerte, si eso puede remotamente servirte de algún consuelo.

  2. Por cierto, desconozco el motivo por el cual tu bitácora se actualiza con mucho retraso en mi listado de bitácoras leídas. Supongo que será cosa de la "sindicación" RSS de marras o algún conflicto de intereses entre Google y Microsoft. Vaya usted a saber, oiga…

  3. Agradecido quedo y acuso recibo de su visita, pulgoso caballero andante. Uno antes escribía más por aquello de tener tiempo, y por tanto inspiración. Pero ahora… la exprimo a diario para rellenar páginas de periódico y no quedan más que zurraspas para manchar el blog. Ya lo siento ;)

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