Todo por la pasta

Hay montada una sonada escandalera en el cine español a cuenta de la nueva ley que regulará las ayudas y subvenciones al sector. Al parecer, un grupo reducido pero de renombre de personajes del mundillo envió una carta a Bruselas denunciando la vulneración de las normas básicas de la competencia de la norma que el Ministerio pretendía aprobar, y estos de la UE, que se toman en serio ese tipo de cuestiones, la ha paralizado hasta que la examine concienzudamente. La cosa radica en que, según los críticos, las nuevas ayudas dan más pasta a las superproducciones y ponen más trabas para los pequeños proyectos. A mi, si quieren que les diga la verdad, como si se arañan entre ellos.

Lo que más me mosquea, por ser suave, es que tengamos que darle pasta a los cineastas. Porque no se la damos a los libreros, ni tampoco a los pintores o a las televisiones. Pero sí a los del cine, porque al ser una manifestación colectiva de arte tocan más a repartir (digo yo!). Huelga decir que en todos aquellos países donde se hace un cine nacional de calidad y que interesa a sus ciudadanos no hay subvenciones, porque la taquilla retroalimenta a la industria. No es el caso español, donde incluso Almodóvar y Amenábar trincan. ¿Que recaudan siete millones de euros? Trincan igual, y es más, trincan proporcionalmente a su presupuesto, lo que es realmente injusto, porque no lo necesitan a la vista de sus resultados en taquilla.

Pero subvencionamos el cine. ¿Por qué? Hombre, pues porque muchos de los que trabajan en el sector son afines al partido en el gobierno. Salen públicamente, le ríen las gracias, piden el voto, hacen spots, cantan eso de "defender la alegría", usté sabe, señora. Y porque hemos instalado la idea en la sociedad de que la cultura ¡¡hay que subvencionarla!! Ea, así, pasta a mansalva. Es la cultura del subsidio, la que impone deberes al Estado para con algunos sectores (para otros no hay ni siquiera líneas de crédito en el ICO), ante la que debe resignarse el ciudadano.

El cine se pelea entre los que piden un poquito y los que piden todo el pastel. Pues para ninguno, ¿saben? Tengan una estrategia empresarial, como las tienen las compañías, juéguense su dinero como todo buen autónomo que monta el pequeño negocio, aprendan lo que les interesa a sus potenciales clientes, y cuando acierten y hayan dado con la tecla de hacer dinero, reservan una parte y se financian ese cine intelectual y pedante que estilan y tanto gusta en los Goya pero aburre en las salas de cine.

One comment

  1. Como cualquier negocio, no se puede consentir eso de que cuando gano, para mí, y cuando pierdo, que me lo pague el estado. Que se busquen la vida y busquen la manera de hacer rentable su negocio, que es lo que tiene que hacer cualquier empresario. Y si no, que las películas españolas se exhiban de forma gratuita en locales públicos, por ejemplo. Hace algún tiempo vi una parodia que reflejaba muy bien el mundo del cine, donde hablaban del presupuesto de una película española donde participaba el estado, dos comunidades autónomas, 4 organismos públicos más y varias empresas. Los productores "privados" aportaban en total el 0,5% del presupuesto de la película, pero se llevaban todos los beneficios de la película. Pues no, si la película gana dinero, que se lo quede el estado en la misma proporción en la que pone dinero. Y si un productor o director no consigue rentabilizar la película, que pierda dinero de su bolsillo.

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