Mensajes subliminales

Yo creo en el destino. No en una entidad superior que guía mis pasos, porque no se ha dignado en ponerse en contacto conmigo a lo largo de estos años. Pero sí en el destino, una especie de fuerza que condiciona los actos de nuestra vida, del mismo modo que el agua cae por el sumidero girando hacia un lado y no hacia el contrario. Y de ahí que comience a tener cierta fe en los mensajes subliminales que rodean mi existencia, mi día a día. En menos de cinco meses he perdido dos aviones de regreso a España, y otro lo conseguí coger a falta de cinco minutos. Leamos entre líneas. ¿Es una invitación a que me vaya y no vuelva, a que encuentre mi sitio más allá de la piel de toro, a que reconsidere mi futuro más cercano y lo dibuje en el extranjero? Pudiera ser. Quizás es más sutil, y tan sólo se refiere a Galicia, y por tanto es una invitación a abandonarla. 

La otra lectura que cabe hacer es que mi subconsciente se niega a reconocer que hay que ser bien idiota para ir perdiendo vuelos por el mundo y después tener que rascarse el bolsillo aprisa y corriendo para comprar otro in extremis y no quedar perdido en un país ajeno.

Una de las dos es la buena.

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