Intocables

Algún día abrirán una escuela para enseñar a falsificar obras de arte en seis meses. No para encalar una fachada y darle una mano de gotelé al salón, no. Me refiero a pintura de brocha fina. Primero, una selección ante famosos falsificadores, mentirosillos del pincel, para ver si uno copia bodegones al por mayor, y puede que alguna abstracción kandinskiana. En función del grosor de la mancha, pues entra uno en la escuela o no. Y una vez dentro, habrá una competición por ver si al segundo mes alguien se atreve a agarrarse la pintura al fresco y hacerse El Juicio Final de la Capilla Sixtina vaticana. Otros menos atrevidos igual se ven ante el hercúleo reto de copiar la Venus del Espejo o, para mi satisfacción, algún Turner. En el edificio adyacente, harán algo parecido con la escultura. A cuatro tallistas de lápidas y dos carpinteros de pueblo los encerrarán en un sitio rodeados de bloques de marmol de Almería, y a golpe de cincel habrán de atreverse a replicar el David de Miguel Angel. La variante en madera es alguna Piedad de Salcillo o Gregorio Fernández. Y para remate del tomate, los ideólogos de estas escuelas exprés de Bellas Artes pueden reclutar estudiantes de primero de bachillerato de ciencias que estudien dibujo técnico y, en esos mismos seis meses, enseñarles arquitectura y que proyecten un nuevo Campanile a las afueras de Leganés.

Algo parecido es Operación Triunfo, programa que veo y disfruto cada semana desde la edición 2008, lo reconozco. No tenía maldad alguna el que estos saltimbanquis imberbes, carne de reciclaje televisivo en un futuro no muy lejano, destrozara la basura pop que atrona en las radiofórmulas. Versionar a Alejandro Sanz pues oiga, señora, me apena entre nada y lo mismo que la extinción de la mosca tse-tse. Mi diatriba antipopera ya es conocida, así que me la ahorraré. Pero que a estos personajetes le reten a interpretar el "Born to be run" de Bruce Springsteen (tipo del que siete días atrás no sabían ni pronunciar su apellido) sólo me produce perplejidad e indignación. No van a cantar esa maravilla mientras se duchan. Ni siquiera en un karaoke con amigos o en una celebración familiar. Van a hacerlo en un escenario ante unas cámaras y varios millones de espectadores. Y habrá algún incauto de su misma edad que pregunte "¿qué canción es esa?". Es lo que tiene que no salga ya en Los 40. En la música, principalmente en el rock, están los intocables, gentes a cuya obra hay que acercarse con devoción y admiración con cualquier otra intención que no sea escuchar y gozar. Que el "Boss" aparezca en OT me parece un insulto a la música en general, porque esas criaturitas hijas de la Logse no tienen ni idea de qué supuso el "Born to be run" hace veintipico años cuando se publicó, ni entienden la riqueza musical que se esconde en esos acordes de harmónica, en esos rags de piano, en ese saxo rockero.

Luego saldrá Risto, dirá cuatro verdades y lo llamarán zafio. Como si no fuera todavía más zafio darle margartias a los cerdos…

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