Vacío

Llueve en Santiago. Pocos días como hoy o ayer me alegré tanto de que lo hiciera. Digamos que el cielo gris y el agua hacen que me pierda en ellos y rompan el silencio cuando las gotas golpean los cristales de mis ventanas. Mi casa parece más grande. Hay más espacio en ella. Demasiado. Me pregunto qué lo llenaría antes que no lo hace ahora. Tengo la respuesta, pero no me atrevo a pronunciarla. Me repito que es la resaca, que cuando vuelva a estar sobrio de emociones todo recuperará su tamaño y dimensiones. ¿Pero y si el vacío sigue ahí? Arrecia la lluvia. Miro a ningún sitio, y siempre aparece el azul. El silencio hace eco a mis voces interiores, cavernosas en mi cuerpo hueco tras donar el corazón. Ahora sólo queda el frío invierno perenne, la guarida de hielo, el témpano, la nada. Pero nunca podré decir que no lo busqué lo suficiente. Una nueva era glacial se abre ante mi. ¿No era esto lo que quería? Sigo sin saberlo. 

PD: Las aguas vuelven a su cauce. Sale el sol.

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