El rock no es lo que era

Confesaré que llevo un tiempo alejado de las descargas eléctricas (guitarrísticas). Pero cuando me veo a Los Chichos (sin Jeros, claro) en el cartel del Viña Rock, asumo que muchas cosas han cambiado en mi ausencia. O eso, o la gripe porcina llegó a España hace meses y no nos habíamos dado cuenta porque afecta a las neuronas y no provoca moquillo. Pocas cosas pueden darme tanta envidia como perderme un festivalazo bueno, sobre todo porque hace varios años que no disfruto uno. Queda lejos aquel Mediatic en Alicante, con la mejor compañía posible (ellos ya saben), tres noches de risas y mascarillas anti ronquidos, entre rotondas y señales de stop, comiendo arroz a banda. El cuerpo me pide volver a dar botes, a cantar el "Flojos de pantalón". Y créalo, señora, que Rosendo viene a Compostela por la Ascensión. Seguro que es la suya, pero a los altares del rock urbano, de la filosofía de autobús en barrios sin parquímetro ni Hipercores, de la verdad cantada con pitillo entre las cuerdas de la guitarra, lideres del momento ambigüedad. Surge la escena en un salón, y para verla están todos invitados. El abuelo hará que el rock vuelva a ser lo que era, lo que nunca debió dejar de ser, lo que siempre será en nuestros corazones, aunque seamos rockeros turroneros, de esos que volvemos sólo por Navidad.

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