Y llueve…

…y no deja de llover. Tanta agua empapa mis ideas, se reblanceden y acaban con moho de la humedad. Así que pocas cosas productivas pueden salir de ahí, salvo una invocación al enclaustramiento doméstico, fruto de la penuria económica y el hastío por un clima que está empezando a hacer mella en mi ánimo, tras un invierno duro como pocos del repóker que yo recuerdo. Sevilla se prepara para su Feria de Abril, con su albero y sus casetas, su fino y sus langostinos, sus faralaes y tardes en el coso del Baratillo. Y Santiago se remoja día tras día. Aquí no hay motivo de fiesta, salvo un cambio de gobierno que, por esperado tras los resultados electorales, ni siquiera ya sorprende. Ni siquiera Paul Auster me resucita el buen humor.

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