Vivo… por ahora

Decía la profecía que César había de cuidarse de aquellos maléficos Idus de Marzo. Ese augur me diría que yo debo andar con ojo con febrero, porque está por ver que salga vivo de este mes demoníaco, que apenas ha llegado a su ecuador y ya me tiene agonizante. Hay una campaña electoral, como sabrá usté, señora. Y los plumillas debemos enrolarnos en las convenientes caravanas para peregrinar detrás de los políticos, para dar cuenta de sus promesas, sus mentiras, sus gestos para la galería y las veces que se hacen fotos con niños o sonriendole a ancianitas desdentadas. En paralelo, atravieso una etapa de profundo bienestar personal, azotada por el retorno de la crisis existencial sobre el sentido del periodismo y su ejercicio decente en esta Galicia del siglo XXI. Últimamente se multiplican los profesores de ética y buenas maneras en la profesión, con más denuedo y empeño que durante los cuatro años de carrera. Y si me permite serle sincero, estoy hasta las narices que mis semejantes osen decirme cómo debo trabajar, cuando desde las altas esferas de mi periódico no sólo no se hace, sino que muestran su más sincero y efusivo respaldo a mis modos y métodos. Sí, no serán los mejores del mundo porque no tengo lista de espera para cambiar de trabajo. Ni siquiera una o dos. Pero no habrán de ser terroríficos del todo. Trabajo así, con el mismo orgullo por estar en el ABC que si estuviese en Público, La Vanguardia o El Norte de Castilla, por poner ejemplos aleatorios. Puede que no merezca la atención del sancta sanctorum del periodismo objetivo, ese "diario global en español" que antes era "independiente" y "de la mañana", pero que debieron de retirarlo por pudor.

Por otro lado, yo no suelo opinar acerca de la línea informativa del resto de medios o compañeros, porque ya sé cómo se las gastan en cada empresa, y en ocasiones nos dedicamos a subsistir prostituyendo nuestra firma. Aquí las proclamas sobre la dignidad y la ética sobran, señora, porque ninguna de las dos me permite pagar la letra del coche. Y eso de que "mejor ser honrado y pobre" que dice el novio de su hija es mentira, tanto como que Fraga forma parte del equipo olímpico de Gimnasia. El periodismo no es perfecto. Está lejos de estarlo. Como en todos los aspectos de nuestra vida, de la sociedad que nos rodea, imperan los intereses (económicos, políticos, sociales, morales, etc.). Pero ello no deslegitima ninguna de las posiciones desde las que se pretenda informar, siempre que el lector tenga buena cuenta de ellas, y formen el frontispicio de todo medio de comunicación.

Ya sé que a usté toda esta perorata le da dolor de cabeza y le produce indiferencia. A mi también, créame. Pero no se imagina cuánto incordia sentirse observado y bajo la lupa de los demás cuando uno se limita a cumplir con su trabajo, a ceñirse a lo que de uno se espera y reclama. Y no, todavía no he matado a nadie ni imputado falsamente delitos infames.

PD: De aquí al 1 de marzo, me quedan quince días de infarto. Resérvenme balneario. O viaje reconstituyente a Sevilla.

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