Propósitos

No crea que tengo tantos para el nuevo año, señora. Es más, durante las campanadas ni siquiera formulé el pertinente deseo. Me olvidé. O puede que no tuviera claro qué pedir. Conforme fue desarrollándose la noche me vuelvo a ver en tesituras pasadas. Y me digo a mi mismo que basta de seguir con esta existencia licenciosa, que es momento para frenar y admirar el paisaje. Quiero convencerme de que es así. Me ilusiona pensar que este año me traerá una paz interior que necesito, que habrá de rescatarme a su vez de las garras de la noche, de la que cada vez venía siendo más esclavo y al mismo tiempo dueño. Me sentía como una serpiente entre la hojarasca de la selva, oculto bajo el manto de la oscuridad, agazapado pero presto para morder en cualquier instante. No hay que lanzar las campanas al vuelo. Ni tan siquiera perder la perspectiva de que el destino es caprichoso a la hora de tejer nuestro futuro, casi siempre hábil para hacer que nos enredemos sin darnos cuenta donde menos nos conviene. Fue una noche muy especial. Primero, con sabor gallego gracias a la generosidad y la hospitalidad de un buen amigo de Ribeira, pueblo de contrastes. Luego, por la siempre inmejorable compañía de la sabiduría y veteranía de dos auténticos referentes morales en la cuarentena. Y de remate, por acumular razones en azul y negro para engordar mis propósitos del año que empieza. 2009 debe ser distinto. Quiero que lo sea en muchos aspectos. Pero me temo que el personal es el que más me apremia. Ya toca, ya toca.

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