Cando chove

Algún cretino dijo un día que la lluvia en Galicia era arte. Sin duda era un almeriense borracho y algo meningítico. Yo recuerdo mis días de infancia en el sur, cuando ver llover entraba dentro de lo excepcional, y los días de borrasca los pasabas en casa mirando desde la ventana, oyendo cómo las gotas golpeaban tu cristal. Y sentías el cosquilleo del cielo gris, de la luz oscura y el día tenebroso y plomizo. Casi que tenía un halo especial. Esos días uno se escondía en casa, porque aquellas tormentas no invitaban a nada salvo a copa (eléctrica) y sillón. Pero desde que uno se traslada a Santiago, sus percepciones cambian y casi diríamos que se vuelven del revés. El clima de Compostela es horrible. Un auténtico asco, señora. Acaba uno haciendo del defecto virtud, y aprende a convivir con la lluvia, que igual dura diez días seguidos en octubre o mayo como que interrumpe un agosto soleado para recordarte dónde vives. Llega el punto en que el agua ya no es un impedimento para salir a socializar (eufemismo de “ir de copas”). Llueva más o menos, los pies siempre te conducen de bares. Y eso sí hay que reconocérselo a Santiago, el gozar de una fisonomía que permite deambular por sus calles bajo los alfeizares sin que caiga gota de agua. Luego uno regresa a sus feudos, y observa no sin cierta perplejidad cómo los conocidos recuperan el escondite casero cuando es sábado y caen cuatro menudencias del encapotado cielo. Le entra cierta risa floja. “Ay, si supiérais de verdad lo que es llover…”, musita uno para sus adentros. Pese a todo, jamás se acostumbra este individuo a vivir bajo un manto de nubes caprichosas que rompen a llorar de forma aleatoria y sin principio ni fin. Quien firma estas líneas transita por estos arranques climatológicos azarosos, como igualmente se deambula por los bares o por los momentos de poco ánimo. Pero le juro señora que, en el fondo, uno nota que le entra humedad en las entrañas, que se le mojan las ideas, la cazadora y el escaso pelo. Y se extraña la casa de uno, esa ventana, desde donde ver el Guadiana oscurecido bajo el negro cúmulo de nubes y agitado por la tormenta.

One comment

  1. Soberbio escrito. Toda la vida con la lluvia a cuestas, y lejos de estar acostumbrada, se me hace cada día más complicada. En mi otra vida debí vivir en algún lugar donde siempre siempre era verano. Estoy segura.Porque sin conocerlo, lo extraño…

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