Buenos, malos… y peores

Casi al hilo del post anterior, hoy no puedo sino vomitar lo que me reconcome por dentro, la vergüenza que siento como universitario que haya gente que llamándose así todavía atente contra una de las libertades más básicas de la democracia: la de expresar sus ideas. Dentro del marco de convivencia que nos hemos dado, dentro del respeto a un Estado de Derecho en el que vivimos, cualquier idea es válida y aceptable. Cualquiera. Ya sean las del PSOE, las del PP, las de Esquerra Republicana de Cataluña o del Partido Antitaurino. Me da igual que sean el Colectivo de Reagrupamiento de Presos Vascos o la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Podré concordar más con unas que con otras, podrán parecerme mejores o peores. Pero desde luego lo que nunca haré será gastar una sola gota de sudor para impedir que nadie predique su ideología. Esto, dicho así, suena casi a absurdo de lo simple y elemental que es. No lo debe ser tanto cuando colectivos independentistas (aquí en la Universidad de Santiago, y la semana pasada en la Complutense) se dedican a boicotear con cánticos e insultos las conferencias que dan políticos de derechas. Me hace gracia uno que reprocha "politizar la universidad". Yo juraría que esas mismas personas no se molestarían en gritar ni agitar si el conferenciante fuese socialista o nacionalista. Pero una vez más, a algunos la derecha les escuece. Y a un paso de la violencia física, escupen su violencia verbal, cuajada de odio, de miseria, de rencor, de fanatismo irracional. Jóvenes que apenas llegan a los veintipico años y que son carne de que cualquier manipulador los convierta en "Txerokis", "Terneras" o, más a lo gallego, Uxios y Xianas, independentistas y terroristas, en resumen. La gran virtud de la democracia es que incluso quienes la pisotean con conductas totalitarias y cobardes tienen cabida en ella. Porque si por un momento tuviéramos la tentación de acallarles, les estaríamos dando la razón. Aunque a mí lo que más me duele es cómo campan a sus anchas estas minorías ultraminoritarias en las universidades públicas, con la connivencia de dirigentes irresponsables y vergonzantes. Es el caso de la USC. Qué auténtica lástima…

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