Lo irracional

Por definición, "by the book" que dirían los anglosajones, somos seres racionales. Yo creo que es mentira. Somos lo suficientemente inteligentes y evolucionados como para envolver la irracionalidad en un celofán racional que nos haga parecer menos primarios que una vaca o un gato. Pero hay una parcela de nuestros comportamientos, de nuestros actos y reacciones, que se escapan a nuestro control. Y no me vale con eso de que "es que yo controlo mis impulsos", porque es igual de falso que decir que dos y dos suman cinco. Si fuéramos racionales, tendríamos anestesiados según qué actitudes. El simple hecho de tenerlas nos delata. Y el alcohol, mayormente el que se bebe, nos desnuda, nos deja sin defensas ante nuestro subconsciente. De ahí eso de que "borrachos y niños nunca mienten". Los neurodepresores nos roban nuestros cuatro o cinco trucos para disfrazarnos de racionales y nos empujan al mundo sólo con nuestros instintos, en su mayoría excesivos para esta sociedad tan políticamente correcta. De ahí que por las mañanas, en días como hoy, sólo pueda agachar la cabeza y pedir disculpas una y otra vez. ¿Que no debería darlas según lo dicho anteriormente? Puede ser. Sólo que a los amigos, de forma racional o irracional, jamás se les debe faltar. Jamás. Amigos en la vida hay dos o tres. No más, señora, no se engañe. Esos con los que sale su hija sólo quieren tirársela, sobarla un rato, y luego la dejarán por otra o más guapa o más fácil. Los amigos (me da igual el género, que yo no soy ministra) escasean. Y por disquisiciones morales acerca de la razón a las 6 de la mañana no se les puede perder. Salvo delitos de lesa humanidad o alta traición, que cuando se trata de hermanos de sangre ajena en rarísimas ocasiones se producen, las afrentas hay que saber enjuagarlas en el agua de la disculpa. Le dejo a usted definir estos tipos penales, señora, pero no los ponga por escrito, porque uno nunca sabe cuándo se saltará el código. Apúnteme esta reflexión como un epílogo postrero a la noche.

One comment

  1. A saber lo que harías. Por cierto, por el momento no volveremos a vernos en el Parla. Reservadme el premio a "la periodista parlamentaria más efímera" porque me lo he ganado a pulso. No sé si estoy apática o emocionalmente equilibrada, pero contenta, desde luego, puedo afirmar que no…

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