Control

Acaba de decir Eduard Punset en "Buenafuente" que una de las claves de nuestra felicidad, de esa sensación aparente de quietud y placer que nos recorre cuando creemos haberla encontrado, es precisamente tener la sensación de que controlamos las cosas que nos rodean, que tenemos el mando de nuestra vida. En sentido contrario, somos infelices cuando algo que pensábamos controlado se nos va de las manos, se escapa, se resbala y no sabemos dónde fue a parar. No sabemos si la pérdida es momentánea o definitiva, y hasta el momento de tener esa certeza, nos recorre el desasosiego, se nos tuerce la sonrisa, se nos amarga el tragar saliva. Hay noches así. Cuesta arrancar una mueca alegre en esas situaciones. También hay otro elemento no suficientemente ponderado, y se llama Murphy, el dueño de las circunstancias aleatorias que planta esa china en nuestro camino para que se nos meta en el zapato y nos abra una herida, o para que nos agachemos a quitárnosla en el instante justo para descubrir un billete de veinte euros en el suelo. Ello, sumado a que la noche es más pasional que racional, obliga a apagar las luces hasta el nuevo día, donde la visceralidad habrá sedimentado y seremos capaces de recuperar la mesura propia de seres civilizados. De noche hay que atarse corto, o su torbellino puede engullirte para llevarte muy alto… y luego dejarte caer.

Y el teléfono hay que cogerlo. Para algo está.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s