Es la economía, estúpido

La frase no es mía, ya sabrán. Pero es lo que atenaza la actualidad en estos últimos meses. Hay una crisis, dicen. Yo no sé dónde, porque los bares están igual de llenos los viernes y los sábados, y los jodíos estudiantes siguen campando en manada los jueves compostelanos. Así que ya me contarán. Pero hay algunas noticias que van surgiendo y me producen, cuanto menos, repulsión. El Banco Central Europeo, con el señor Trichet al frente, ha tenido a bien bajar medio puntito los tipos de interés del maldito Euribor, y deslizó que antes de fin de año habrá otro recorte. ¿No habría sido mejor haberlo bajado hace tres meses y evitar el colapso económico de muchas familias por la subida de su hipoteca o créditos personales? Y el petróleo anda por debajo de los 60 dólares el barril, cuando hace seis meses cotizaba a 115. Entonces, si ahora cuesta 60 y todavía hay margen de beneficio, ¿me quiere decir que los 55 restantes son de pura y dura especulación de los jeques y países productores? Claro, con las gasolinas por las nubes, los consumidores han dejado el coche en casa y la demanda de carburantes ha disminuido drásticamente. ¿No habría sido mejor haber mantenido en un precio intermedio el barril que no hubiese hecho desplomar el consumo de petróleo y que, al mismo tiempo, hubiera aguantado los ingresos de los exportadores? Luego lo de los planes de rescate. EE.UU, Obama incluido, ha aprobado que se destinen 700.000 millones de dólares para rescatar a bancos y empresas endeudadas hasta las cejas. Con ese dinero se acababa el hambre en África. No en un trocito ni en tres países, no, en todo el continente africano. Es decir, que vamos a invertir una cantidad ingente de dinero para devolver la economía mundial al mismo punto donde el capital y la especulación comenzaron a hacer de las suyas. Como escribió Lampedusa, "todo ha de cambiar para que todo siga igual". Y aquí es lo que vamos a hacer.

Sé que las quimeras del mundo justo y más equilibrado no son propias de alguien que vea los telediarios, pero esto roza lo vergonzoso. No es de recibo que nos tomen por imbéciles día sí, día también; no es de recibo que usen nuestro dinero (sí señora, el que paga usted de impuestos) para que quienes han estado viviendo como marajás puedan seguir haciéndolo; no es de recibo que se secuestre la voluntad de los ciudadanos, que seguramente habrian visto con buenos ojos la quiebra y pobreza de algún multimillonario. Si el capitalismo no necesita regulaciones cuando es una fuente de la que brota dinero, tampoco debería hacerlo cuando el manantial se seca. El intervencionismo rescatador es tan nefasto como el intervencionismo distribuidor de la riqueza tan denostado por los propios capitalistas. Pero como ahora hay que distribuir pérdidas, cuantos más seamos pagando a menos tocan los responsables. Esto jode.

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