Because change happens…

En días como hoy, uno respira que las cosas cambian. Como sabrá, señora, ha ganado Obama. Y no sólo supone el tópico del primer presidente negro en la historia norteamericana (una nación reciente pero con una acrisolada democracia, al contrario que en la Europa continental). Hay mil y una lecturas del triunfo del candidato demócrata, pero sobre todo me quedo con lo que supone para los derrotados. Viene a ser el pasaporte al olvido de ocho años de nefasta Administración Bush, de políticas republicanas donde los ricos se han enriquecido hasta niveles inimaginables, donde convirtieron algo como una guerra en una caja de caudales para seguir aumentando fortunas con la explotación del petróleo y la reconstrucción de un país devastado, donde abandonaron a su suerte a cientos de miles de americanos que sufrieron calamidades como el Huracán Katrina, donde los pobres lo son todavía más que hace ocho años, y donde la diplomacia internacional arrinconó a la ONU para imponer la política de "por mis pistolas". Es el adiós a un modo de hacer política nefasto, no ya de ultraderecha neoliberal, sino desde la ignorancia, desde la avaricia y la codicia de poder, donde se han restringido libertades públicas por la excusa de la guerra contra el terrorismo, donde se conculcan derechos fundamentales por orden presidencial. A eso es lo que yo, humildemente, creo que la etapa de Obama va a poner fin. No se engañe, este tipo no es de izquierdas, sino un centrista moderado (escorarse más en América está prohibido), que va a intentar oprimir al 2% de los multimillonarios del país para beneficiar a la clase media, la que a día de hoy vive sin seguros médicos porque no los puede pagar, la que sufre la crisis de las hipotecas basura en sus carnes.

Obama es el triunfo de la esperanza, ha dicho Oprah Winfrey. Me dice Luis que parezco tonto alegrándome por la victoria de un tipo que no me va a subir el sueldo ni contribuir un poco a que mi vida mejore. Debe ser que en estos tiempos globales me gusta que el mundo sea un sitio respirable, y ayuda que al frente de la primera potencia del mundo no haya un borracho ignorante. Con todas las letras, borracho e ignorante. Pero no sólo triunfa la esperanza. También lo hace la ilusión, el deseo de creer que las cosas pueden hacerse de otro modo, donde el poder no sea algo que oprime sino que se convierta en una palanca para el desarrollo. De Obama me enganchó su retórica, lo reconozco, y tengo en él depositadas muchísimas esperanzas de que ponga los cimientos para que el siglo XXI no sea una continuación de finales del XX. Obama es el futuro. Y ya está aquí.

PD: Pero como toda esperanza, tiene un lado negativo. No cumplir con lo esperado será su peor castigo, porque no hay peor enemigo que un amigo traicionado. Hoy hay razones para sentir que vivimos en un mundo un poquitín mejor. O que lo haremos en breve.

4 comments

  1. Me temo que lo he vendido al trapero del barrio. Los apuros de la crisis me están llevando a deshacerme de paraguas ajenos. Tenía unos siete u ocho, secuestrados de sus pertinentes dueñas, pero ya son historia.

  2. oye vete a la porra! con mi paraguas de cebra no se bromea, vale? ya me lo estás dando este finde o me voy a la rúa doctor maceira a hacer guardia hasta que me lo devuelvas! :P

  3. Le diré a Bautista, el mayordomo, que busque en el guardarropa de la segunda planta a ver si anduviera por allí extraviado. Yo me iría comprando otro, pero bueno, estas cosas nunca se sabe, igual aparece en Ayamonte un día…

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