Cosas desordenadas

Debería escribir varios posts, pero estoy perezoso. Me domina la natural sensación de tirarme en mi sofá, encender la tele y así pasen cien años a mi alrededor, hasta que sea jueves noche y los astros se alineen reclamando mi salida. Pero a poder ser, si hay conjunción astral que sea total y me permita distinguir el bien del mal, que no quiero más sobresaltos nocturnos. Tras una semana de asueto total, regreso al trabajo. Veo instalados en el periódico sacos de arena, baterías antiaéreas, un arsenal de munición, ametralladoras cada cien metros y un búnker lleno de comida. Dicen que es por si la guerra se hace larga y tenemos que vivir en la trinchera hasta las elecciones de marzo. Espero que esa dieta de campaña no engorde…

Ahora que veo, no he hablado apenas de la crisis. Que le den. A los bancos, a los especuladores del suelo, a las profesiones liberales que al amparo del ladrillo amasaron fortunas que restregaron por la cara a honrados trabajadores de otros sectores, a los ayuntamientos arruinados porque no saben ya qué más impuestos crear para financiarse, a los sindicatos que ahora tienen que criticar a un gobierno que les tenía metiditos en cloroformo, y a una oposición pazguata incapaz de hincarle el diente a los que mandan. Ya verán como el tal ZP sale indemne también de esta porque los señores de la derecha están con sus asuntos internos. Que si Navarra, que si la Reina, que si Fabra… Qué pereza.

Y luego Obama. Va a ganar, señora, va a ganar. El tal McCain lo ha puesto más fácil de lo esperado, sobre todo dándole billete de vicepresidenta a Sarah Palin, una Esperanza Aguirre versión Alaska, con algo menos de glamour y mucho más de paletismo del lugar. No sé si ganará porque su rival es un incompetente (tras ver ganar a Bush no siempre ocurre así), o porque realmente la gente necesita un cambio. Sea como fuere, el mundo escribirá una página histórica, y usté y yo podremos contárselo a los nietos. Ya me explayaré en el tema en cuestión cuando se produzca el acontecimiento. Mientras tanto, me sorprendo porque ha pasado octubre, entramos en el frío noviembre y sigo sin necesitar calor ajeno. Buenas noticias, sí señor. Hace que uno sonría con más picardía cuando cae el sol.

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