Peleado

Hay días que, sin saber por qué, estás peleado con el mundo. Te levantas así, mosca. El mundo parece una gran mierda, una inmensa bola que sólo tiene ganas de molestar e incordiar. Entonces solo quedan dos opciones. La primera es que todo siga a peor, cuesta abajo, y cuando llegues a la cama cierres los ojos y pongas fin a una jornada para olvidar, consciente de que los automatismos internos harán que mañana sea mejor. La segunda es esperar a que surja algo que, con el paso de las horas, convierta esta gris existencia, esta negra sensación de hastío, en algo positivo. Lo cierto es que muy pocas cosas consiguen esto, para ser sinceros. Pero es pronto todavía. En Canarias es una hora menos. Aunque yo preferiría estar tirado en una tumbona de mi hotel, tomando el sol, haciendo nada, que es algo que todavía este año no he conseguido. Porque muchas vacaciones y mucha gaita, pero he estado pringado con cosas del periódico todo el año. Y aquí sigo, liado hasta la cencerreta y sin visos de escapar, porque tengo lista de espera para seguir asumiendo marrones de forma gratuita. A veces siento que necesitaría una semana alejado del mundanal ruído para ser persona. El problema es que a veces transcurren dos días y todo esto se me pasa, como los resfriados. Pero ya se sabe, catarro mal curado acaba en gripe… o neumonía.

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