Vida en el desierto

Lanzarote. La Luna en la Tierra, llaman a esta isla paradisíaca de contrastes. Si además a alguien se le ocurre alojarse en Puerto Calero, lo más seguro es que se le acaben las palabras. Muy al contrario, un día perdido en este remanso de paz a mi me ha valido para enjuagar el cerebro, hacer examen de conciencia y averiguar un poco qué quiero de la vida a corto plazo. No siempre es fácil, porque en ocasiones hacemos planes, los más maravillosos del mundo, aquellos que durante meses anhelamos que lleguen, y una vez presentes sentimos que, en el fondo, estamos mejor como de costumbre. Me temo que parte de la culpa de que el Quillo sea como es, y quiera seguir diendo asi, la tiene el octubre compostelano, la bendita universidad que me rejuvenece cuerpo y alma, Luis y Lucas (son culpables de que la noche me haga tan feliz…), y los casi azules infinitos donde busco reiteradamente perderme sin conseguirlo. ¿Qué es seguir así? El ser tristemente impresentable de desaparecer sin dar explicaciones, siendo dueño de mis silencios y ausencias, soberano de mis vicios y mis faltas, deudor de nada ni de nadie salvo de llamar a la familia para prometer que sigo bien, y esas cosas.

Miro atrás, sin embargo, y me apenan muchas cosas dichas, hechas, pensadas… porque en su momento tuvieron su razón de ser, y ahora es como si hubiesen sido expresadas por otra persona, un gemelo romántico del que ahora arrepentirse. Nada más lejos. Soy así, inescrutable, impredicible, impresentable, incorregible. Es decir, libre. Cierro los ojos y así me siento. Los abro ante el océano desde este retiro lanzaroteño, y me sigo sintiendo así. Me muevo por impulsos, por reacciones ilógicas que me derrumban el subconsciente ordenado que intento construir a veces. Parece como si hubiese cambiado mi veraneo en el desierto de Casablanca por venirme a la roca volcánica de Lanzarote. En ambas hubo vida, pero estilos diferentes. Ser Rick es un lujo que me queda grande, sobre todo porque jamás estaré a la altura de ninguna Ilsa. Ser Renault obliga a llevar uniforme, y los repelo. Creo que cambiaré de película. En "El halcón maltés" Sam Spade está liado con la mujer de su socio. En "El sueño eterno" Philip Marlowe prefiere a viudas ricas con hermanas caídas en desgracia.

Me quedo con cualquiera de ellos. Rick era simplemente… inalcanzable en Compostela. Hermosísimo sueño. Hermosísimo despertar.

"Necesito saber, dime tu nombre".

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