Coming home

Jamás pensé que llegaría el día en que dijera esto, pero siempre que regreso a Santiago siento que vuelvo a casa. No a MI casa, porque esa está en Ayamonte, donde nací y crecí, y pasé estos últimos días estivales en mi balneario particular. Pero Compostela siento que me pertenece, que es mi espacio propio personal donde soy yo, donde este pez se encuentra en su acuario favorito. Quizás sea su particular clima del que me quejo constantemente; quizás sean sus retorcidas calles empedradas y brillantes por la lluvia que nunca deja de caer; quizás sea su Berenguela anunciándome las cinco de la mañana cuando ando de parranda; quizás sean sus bares, ¡oh sus bares!, siempre en la mejor compañía de Luis y Lucas; quizás sean las miradas, las que encuentro y las que busco; quizás sea que sacarme de Santiago es más difícil de lo que muchos creen, pero más fácil de lo que otros quisieran. Vuelvo a Santiago con la filosofía de todos los otoños: descanso al principio, descontrol al final. Por si fuera poco, no tendré campaña electoral en octubre, por lo que el desembarco en la Compostela otoñal será, si cabe, todavía más intensa. Buscaremos el rastro de 2009, a la espera de que sea el año en el que las cosas, por una vez, salen bien. Ya va tocando, coño.

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