Dedicatorias

Ni siquiera en mi retiro espiritual ayamontino, mi suerte de balneario particular donde me tienen restringido el alcohol, las patatas fritas, el pan y los entrecots, donde me tienen ingresado en un gimnasio para ponerme "en un estado físico óptimo" he sido capaz de huir del Derecho Civil. Mucha culpa tiene haberlo suspendido, claro está. Y el tipo, que es tenaz, me persigue hasta este confín de la tierra, donde apenas llega la cobertura del móvil. Pero creo que eso es más cosa de Orange que de encontrarme al borde del fin del mundo. Todavía Huelva no es Georgia, aunque a ciertas construcciones les vendría bien una dieta rusa de mortero y tomahawk. Apúnteme eso como una maldad, señora. Lo dicho, que ojeando un manual de Civil, veo que su autora ha tenido la delicadeza de dedicárselo a su hijo. Yo me pongo en la piel del vástago. Que te dediquen el Quijote o la Sombra del Viento, por ponernos en los casos extremos, da gustico. Oye, es literatura, buena, mala o peor, pero literatura. Son ideas que salieron de la cabeza de un tipo un buen día, las plasmó en papel y la gente lo compra por puro placer. Aunque luego acabe en la sección de best-sellers de las librerías y en los cajones de 3×2 en las rebajas del Hipercor. ¿Pero dedicar un Manual de Derecho?
 
Me imagino al hijo de la tipa del librito de Civil y al hijo de Ruiz Zafón (si es que lo tiene, que me es indiferente), un día de charla. "A mi, mi padre me ha dedicado La Sombra del Viento, que se ha traducido a 50 lenguas y ha vendido millones de copias, convirtiendo a mi padre en uno de los autores más leidos de los últimos años". La réplica del otro chico sería algo en plan "a mi mi madre me ha dedicado un manual de Derecho que compran por narices cientos de estudiantes de Civil cada año, que aprovechan para acordarse de ella cada página, no está traducido a ningún idioma ni lo hará, porque manuales los hay a patadas y todos se limitan a opinar sobre el Código Civil, así que de original lo justo". Esta última parte de la confesión del querubín de la profesora de Civil es invención mía, porque aunque sea por amor de hijo, nunca reconocería que su madre ha escrito un ladrillo que es a la creatividad literaria lo que Cruz y Raya al humor.
 
Extrapolándolo a casos extremos para provocar la risión colectiva, ¿se imaginan que un tipo de una fábrica de bloques de hormigón grabara con una plaquita cada uno con la inscripción "A mi Charo, por su amor"? ¿O que el fontanero nos dejara un recadito en plan "A Pili y José Manuel, dos hijos únicos" cuando te arregle el bajante de la cisterna? ¿Y si al de Halcón Viajes le da por dedicarle a la churri que tiene en Cuba el catálogo de viajes al Caribe? Chusco, ¿no? Pues eso es dedicar un manual de Derecho a un hijo, poco menos que un atentado a la sensibilidad. Pero nadie dijo nunca que un catedrático de Derecho fuera un ser sensible. Aprenderse el Código Civil tiene efectos colaterales.
 
PD: A riesgo de ser reiterativo, Feliz Cumpleaños. Para el próximo te quiero ver licenciada.

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