En ausencia de sujeto…

…¿quién quiere un predicado? No suena Santiago ahora. No suena la noche. Schubert enmudeció, Chopin entró en letargo, Schumann optó por el mutismo, y Bartok, siempre Bartok, intenta romper el silencio pero su mandarín maravilloso le recomendó el ostracismo antes que aurear su número. Se fueron los alemanes, grises o azules, y dejaron París desierto. Ahora Sam no toca, y acompaña a Rick en la oscura barra del café, mirando relojes sin hora de ciudades que no duermen. No suena la ruleta del capitán Renault, tramposo en el juego y en las mujeres. Todavía se aprecia el perfume de Ilsa, ahora en brazos de Víctor, luchando por la resistencia al otro lado del Atlántico, pero que miró al galán del traje blanco y le prometió con la mirada volver tras la caída nazi. Y los días que es capaz de soñar con verla cruzar de nuevo el umbral de la puerta, abre el café. Pero cuando acaba la jornada y sólo le acompañan damas de billete arrugado, cae en la desolación, apaga los focos y cuelga el cartel de cerrado por varios días, hasta que recupera la ilusión. No hay aguas en Casablanca. Pero Rick dice oler la sal del océano desde su ventana.

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