Café

No soy el tipo más cafetero del mundo. Tomo poco, y casi siempre con hielo. Y si hace calor, mejor que una caña no hay nada. Pero si se estudia Derecho Procesal, la cerveza es poco aconsejable. Porque créame, señora, que le quita a uno cualquier interés por mirar un libro. Sé lo que me digo. Hacía años que no me notaba tan estresado por un examen, tan tenso, tan enganchado a la cafetera para que me mantenga despierto y me dé tiempo a estudiar los 18 temas de Procesal (que ya son 15, porque la tijera selectiva de un servidor ha mandado tres al cajón). Y me veo que no llego. Y engullo más café. Y le robo horas al sueño. Lo peor es que apenas gire la esquina al examen volveré a trabajar, y eso implica que lo que no he descansado antes no lo haré entonces. Maldito círculo vicioso. ¿Por qué no me dijo nadie que empezar Derecho a los 25 era una salvajada? ¿Por qué nadie me prohibió no hacer el canelo? Sólo intuyo que me espera un verano rodeado de libros y más libros, y es una imagen que me atrae entre poco y nada. Teoría, Historia, Romano, Hacienda, Civil, Constitucional… Van siendo demasiadas para un carro que pensaba era más fácil de tirar. Por lo visto, no son suficientes cinco días para estudiar estas asignaturas. O eso, o estaba muy mal acostumbrado por Periodismo. Cualquier parecido entre una carrera y otra es mera coincidencia. No quiero más café, no quiero estudiar más…

One comment

  1. jajjajjajjajajjajajja!! Perdona que me ría. NO ES GRACIOSO.
     
    Pobre, cuánta ternura destila usted. Jajajjajajaja!! Ánimo muchacho. Tu puedes

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