Lo de Rajoy

Sé que en el blog rechinan los asuntos de política, que son los que agotan mi tiempo en el día a día, pero hay opiniones que no me resisto a emitir. Lo de Rajoy no tiene nombre. Va a acabar dando pena el pobre hombre, con la de infieles que escondidos en las sombras le lanzan puñaladas por la espalda. Y casualmente, son los mismos personajes que han hecho de pesado lastre en las últimas elecciones, aquellos denominados del "sector duro", que recelan de una posible reorientación del partido hacia postulados más centristas. ¿Y qué es el centro? Pues supongo que es estar en medio de la defensa cerrada de la España monolítica de la derechona, y de la España plural federalista del todo vale de cierta izquierda tramontana y oportunista. Algo así como un comodín de la baraja, que sin perder los cuatro o cinco ejes básicos de su identidad, no sea causa de rechazo para otras fuerzas políticas o para la sociedad, en general. ¿Por qué cierta derecha se niega a transigir con una evolución hacia adelante en su pensamiento? ¿Por qué los "duros" del partido niegan siquiera capacidad de interlocución con los nacionalistas o los socialistas? ¿Por qué asumen la soledad política y parlamentaria como única forma viable? Ininteligible, la verdad.
 
Por razones que se sobreentenderán, profeso un profundo rechazo a estos "duros" que jalean su odio (más ansia de poder que otra cosa) a través de la COPE y El Mundo, dos medios de anticomunicación, dos espacios para desfogar los egos de sus directores o personajillos estrella, dos sedes de la incoherencia y la mala praxis profesional. Estos mismos que fueron a partir piñones con Rajoy ahora tienen la desfachatez, tres meses después de la derrota electoral, de pedir su marcha porque "no es de fiar". Habrían bien en preguntarse si el líder de la derecha hubiera ganado las elecciones del 9-M si ellos hubiesen estado callados y no azuzando un fantasma que el PSOE rentabilizó muy inteligentemente para cosechar el voto útil. La desvergüenza no tiene nombre, y es de desear que dentro de quince años, algunos infames nombres del periodismo español actual sean jubilados por nuevas generaciones más preparadas y con algo más de escrúpulos.
 
Mientras eso llega, Rajoy aguanta. Y cuantos más palos se lleve de estos medios extremistas, mejor. Y cuanto más apueste por gente como Gallardón, que es el futuro del partido, mejor. Porque la sociedad dejará de percibir que la derecha rezuma odio y mastica maldad, que si bien esta sensación es fruto de la "campaña de la crispación" tejida desde el gobierno y sus afines, estuvo bien fundada gracias a la inestimable cooperación de Acebes y Zaplana, arte y parte de tiempos pasados de señores con bigote.
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