Se acerca la tormenta

La introspección de Bayona da mal diagnóstico. Se le suman negras consecuencias compostelanas. Y sobre todo, agotamiento extremo aderezado con unas gotitas de hastío. Por todo ello, me temo que en pleno mes de mayo, se me aproxima un nuevo invierno, uno que no se combate a golpe de edredones o chalecos acolchados. Este frío no se cura con calor convencional. Veo venir las nubes, y busco un refugio para guarecerme, aunque ni de eso tengo ganas. Me muevo entre la indolencia y la indiferencia. Sé ponerle nombre a mis temores y mis demonios, sueño con ellos y con dulces rendiciones en sus brazos, pero quedó lejos el verano. Este tránsito me conduce por el camino de la apatía, de la resignación, de las escapadas momentáneas para sobrevivir a la hibernación en que creo que voy a sumirme en breve. Luego, más adelante, vendrá el deshielo. No estoy bien. No estoy mal. Simplemente estoy. Me lo noto en el carácter, en el humor. No hagan ruido, por favor.

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