…y hasta aquí puedo leer

Este descomunal invento que es el Youtube me sumerge en las dulces aguas de
la nostalgia televisiva para recuperar momentos del que sin duda ha sido, es y
será el mejor programa de televisión jamás emitido, mi favorito entre los
favoritos, el "Un, Dos, Tres". No había que ser un lumbrera como en "Saber y
Ganar", ni siquiera sumar y restar como en "Cifras y Letras". Tampoco había que
jugarse el tipo con Emilio Aragón en el "Juego de la Oca" ni aguantar a Ana
Obregón y Ramón García en "Qué Apostamos". No había que contar chistes, ni
cantar, ni bailar, ni convivir con doce despojos humanos en una isla o un chalé
en la sierra. Tan sólo había que disfrutar por formar parte de uno de los
espacios que tienen un lugar propio en la historia de la televisión. Sus
participantes, sus vivencias, sus premios y sus fiascos marcaron época. En
serio, es que se me pone carita de tonto recordando no ya a Mayra, que a mi me
pilló mu niño aquella etapa del programa, sino a Jordi Estadella y el inmenso
talento de Angel Garó y su biombo, a comienzos de los noventa. Luego vino Jose
Maria Bachs, algo olvidado, y el intento de resucitar el "Un, Dos, Tres" con el
trasfondo literario hace algunos años fracasó, aunque descubrió a un tipo como
Luis Roderas, que a mi me parecía un salao. Desde que Chicho Ibáñez Serrador,
genio catódico en nuestra televisión acartonada de los setenta, nos presentara a
Kiko Ledgard, los Tacañones de Don Cicuta y las secretarias, todo cambió en la
caja tonta. Desfilaban artistas, noches temáticas, coreografías (algunas algo
chuscas, no les diré que no), apartamentos en Torrevieja y la Ruperta. Fíjense
que es un programa con mitología propia. Todos sabíamos aquella coletilla de
"Por diecisiete pesetas, diganos, países del mundo que acaben en A, por ejemplo
España, un, dos, tres, responda otra vez". Y sonaba aquel cucú tan propio, que
interrumpían "esas que ustedes saben" haciendo sonar la bocina para sus ripios
imposibles. La matemática aplicada de las secretarias daba paso a la subasta,
donde siempre "hasta aquí puedo leer", pero nunca mentir, algo prohibido para
los presentadores, algunos con un punto canalla, como Mayra, a la que muchos
encumbran como la mejor de todos los que condujeron el "Un, Dos, Tres". Sería
por esos cardados imposibles, sería por la química con la voz cavernosa de
Chicho. Si algún día editaran las temporadas del concurso, yo les aseguro que me
lo compraba. Forma parte de los recuerdos de la infancia, recuerdos que siempre
corren el riesgo de irse por la alcantarilla cada vez que el JB asesina mis
neuronas. Ay, qué tiempos…

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