Adios, sr. Heston

Viejo, senil, agotado y seguramente con un rifle en las manos. Así le ha llegado la muerte a Charlton Heston, vieja gloria del cine de los cincuenta y sesenta, y uno de los profetas del conservadurismo ultra americano. Era el icono de la Asociación Nacional del Rifle, y a partir de que empezó a perder la cabeza fruto de una enfermedad degenerativa, sólo repetía como un autómata una frase que sus neuronas pudieron retener: "Me lo tendrán que quitar de mis frías manos". Pues me parece que va siendo hora de que alguien se lo arrebate, porque si encima le meten en la caja de pino con el Winchester, la de por sí depauperada figura de Heston va a rozar el surrealismo. Fue actor. Nunca entusiasmó, ni habitará en el Olimpo de los grandes. Sus dos papeles más recordados son el de Ben-Hur y el de Moisés. Ya ven, tufillo religioso en un intérprete asociado a la derecha más profunda estadounidense, que ya es decir. Y me pongo a pensar en otras películas. En "Horizontes de Grandeza" Gregory Peck se lo comió con patatas. En "55 días en Pekín", rodada en España, fue cosa de David Niven y Ava Gardner, que le dejaron en nada. Fue "El Cid" pero a todos nos gustó más la Loren , y le dio por dirigir "Marco Antonio y Cleopatra", pero nos quedamos con nuestra Carmen Sevilla, una de las presencias más espectaculares que ha dado el cine español, junto a Saritísima en sus tiempos mozos. Se enroló con Peckinpah en el "Major Dundee", quizás uno de sus mejores trabajos, pero rodeado de gente como Richard Harris, James Coburn o Ben Johnson, destacó lo justo. Que sí, que hacer de Ben-Hur y Moisés le hizo ser uno de los mejores considerados de Hollywood. Pero si en la primera no fuera por esa prodigiosa carrera de cuádrigas, mérito absoluto del director y del montador, y no tanto de su talento; y de la aparente tensión sexual entre él y Masala (Stephen Boyd), nadie hablaría de ella. O puede que sí y yo me equivoque, que no sería nada raro. Pero como todos los actores del cine, aquellos que han forjado nuestra memoria con sus películas (estuviesen bien, mal o regular), se va con un puñado de nuestras sonrisas y emociones, habiéndonos arrancado igual una lagrimilla o una carcajada. Se ha ido Charlton Heston, y para bien o para mal, no volverá. Ay, cuántos se marchan así…

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