Puntos de partida

Para la adopción de decisiones en esto que se llama la vida hay que partir de algún sitio. No vale con la voluntad, con el deseo de hacer las cosas. Hay que dar un paso adelante y decir "por aquí empiezo". El pasado verano di ese paso al no poner un pie en un sólo bar de Palma. Fue mi agosto abstemio, que dio paso a un otoño bastante desquiciado, y un invierno literalmente loco. Creo que la primavera me brinda algo de reflexión y pausa. Y lo voy a aprovechar no para replantearme nada, que no lo creo necesario, sino para descansar del frenético ritmo de vida en este 2008. Más allá de consideraciones morales, de las que ya he hablado en anteriores posts, ahora busco tranquilidad, sosiego, calma, estabilidad. Al menos eventualmente, y sin fecha de caducidad conocida. Ya, la última vez que busqué esto me duró dos meses, pero ahora además de la voluntad creo tener eso, un punto de partida, un saliente del que agarrarme para iniciar el camino de la vida contemplativa. Sé que los compinches de la noche compostelana no me creen, y que harán mil bromas sobre este giro en mi vida, pero mi hígado y mi cuenta corriente agradecerán una tregua con Pedro Botero, al que irremediablemente estaba abocado a conocer, de seguir en esta línea. Supongo que cada persona sabe su papel en esta reformulación de mi desestructurada existencia, así que no me compete reincidir ni dar nombres. A los viejos del lugar, que sepan que nos volveremos a ver con renovadas fuerzas. A las personas recién llegadas, gracias y bienvenidas.
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