País pinturero

Encienda la tele, señora, y dígame qué ve. Sí, los informativos y el menú XXL de programas de cotilleo de siempre, con alguna película y el interminable rollo de las series más o menos comerciales. Pero ¿qué espacios están de moda? Los castings. Lo comentaba el otro día Javier Pérez de Albéniz en su brillante blog El Descodificador, que este tipo de productos están de moda. Lo estrenó OT, y a partir de ahí todos los programas que buscan talentos anónimos. Y hemos sufrido con aspirantes a cantantes, actores, bailarines, cómicos o, sencillamente, artistillas de variedades. Cuando falta talento, sencillamente hacemos el tonto. En España tenemos ese don divino, esa capacidad para ponernos una palangana por montera y el mantel de lunares como capote y salir al ruedo televisivo a hacer el más espantoso ridículo. Somos unos pintureros. En otros países eso corre de mano de los políticos (por ejemplo, Italia), que creo que es más grave. Aquí nos va el faranduleo. No nos duelen prendas en reirnos de Dios y de su sombra. Pero que con eso se llenen minutos de televisión, avergüenza. No más castings, no más programas buscatalentos, no más Sardá de jurado, no más historias anónimas de jovencit@s que buscan superar sus estériles vidas alcanzando el éxito soñado. Eso no existe. La vida no concede premios de una utopía realizable por ir a la tele. La vida es muy jodida, y es en la calle donde se aprende a vivirla, y no delante de la cámara.
 
El otro programa de moda es la telerrealidad. Pero no los realities, sino los espacios estilo Callejeros o Vidas Anónimas. La idea es original, el formato engancha, pero causa una profunda tristeza. La miseria es lo que tiene, que cuando uno hurga, acaba por contagiarse y sentirse miserable. El último ratillo que vi, entre romano y romano, fue un paseo de una reportera por las barriadas más marginales de Sevilla, una ciudad donde el submundo de la pobreza tiene vida propia. Los Pajaritos, La Candelaria, las 3.000 Viviendas… Se dan un paseo por Bermejales, Vacie, Pio XII, Polígono San Pablo y Torreblanca, y la cota de sordidez, indigencia, pobreza, indigencia, escasez y delincuencia se sale del televisor. No sé si el intento del programa es retratar el lado humano que se esconde detrás de la marginalidad, o sencillamente edulcorarlo. Pero la sensación que transmite es que en mitad de la miseria, la gente es feliz y honrada. Abra las páginas de sucesos de la prensa hispalense, y veremos cómo niega la realidad las imágenes de la televisión. La cochambre es lo que es, la gente muriéndose por la droga es lo que es, la pobreza asaltando a familias es lo que es… y si se edulcora, nuestra ruinosa clase política tendrá excusas para lavarse las manos y mirar para otra parte. Si la televisión es denuncia, que lo que ocurra en Sevila valga para desnudar y ensuciar la cara de la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento, cómplices en la existencia de guetos infranqueables para cualquier ser humano que no pertenezca a ellos y no lleve una cámara al hombro. Ay, Sevilla, mal te quieren los que limpian con saliva las manchas de sangre de tus paredes…
 
Mejor me vuelvo a romano.

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