Italia, otra vez

Que no, que no me voy de viaje. Pero abra el periódico por la sección de internacional, y ahí los verá. Los italianos, otra vez sin gobierno. Aquel celebrado triunfo de la izquierda coaligada con alfileres y encabezada por Romano Prodi es hoy un borrón más en la turbulenta historia política transalpina. Apenas ha durado 600 días la coalición de gobierno progresista, y el país se encamina a unas nuevas elecciones, que seguramente convocará el Presidente de la República, Giorgio Napolitano, en los próximos días. Así, en ese estado de permanente improvisación institucional vive uno de los motores de la UE, eje de la Europa occidental, referente cultural del continente y cuna de las más influyentes civilizaciones (que me lo digan a mi que sufro el derecho romano en mis carnes). Es la cainita política italiana, donde los intereses personales de sus protagonistas sonrojarían a estos nacionalismos tan nuestros que trincan para sus territorios competencias de chichinabo y cuatro duros pa carreteras y escuelas.
 
Allí, en Italia, son algo más prácticos. Promulgan leyes para que se retiren cargos contra primeros ministros (véase Berlusconi), hay diputadas ex-actrices porno (como la mismísima Cicciolina) o se agreden sin el más mínimo pudor al grito de traidores (ayer mismo en el Senado). Es la política de un país serio convertida en república bananera, en una Venezuela o Corea del Sur cualquiera. Pero no, es Italia. Y esta buena gente italiana sigue yendo a votar en las convocatorias electorales, sigue manteniendo la esperanza de que puede aparecer algún día un político honesto que dirija con buena mano el destino de su país, venciendo una más que lógica desidia por la política como la que (injustificadamente) surge en España porque según algunos "hay crispación". Me río yo de la crispación. Aquí Zapatero ha tenido cuatro años en los que lo más cerca que ha estado de la inestabilidad institucional fue una reprobación fantasma a su ministra de Fomento. Pero dejemos España, que me aburre.
 
Italia, qué país. Llevan cosa de media docena de primeros ministros en el último lustro. Van a votar como cosacos, dilapidando fortunas en campañas electorales para elegir a representantes trincones, xenófobos en el norte, caciquiles y conniventes con la mafia en el sur. Así es Italia, y a todos desde España nos parece un país maravilloso, con sus pizzas, sus ruinas, su estilo y todo lo que nos venden en los folletos turísticos. Pues fíjese lo que le digo, señora, que me dan muy poquita envidia. Un país no puede estar al albur de la irresponsabilidad de sus políticos, porque así no se dirige una economía, no se desarrolla una política internacional seria, no se fortalece la cohesión interna. Y gobiernen unos u otros, en España eso más o menos lo tenemos entendido. Ni una pizca de recelo hacia los italianos, porque esa forma de entender la política mandaría a España a… ¿se imaginan? ¿Se imaginan alguna radio apostólica y romana con un gobierno de izquierdas tan solvente como el de Prodi? Escalofríos me entran. Para según qué cosas, admiro que hayamos sabido alinearnos con Francia o Reino Unido.
 
Por cierto, arrivederci Prodi. Benvenutto Berlusconi.

One comment

  1. lo que tu quieras…pero anda que no están buenos ni na!
    si voy allí la cornamenta del querido sería espectacular…(es broma)
    ahhh!! espero que te salga de lujo el examen de derecho romano, o espera¿¿ ya lo hiciste???
     
    besos,cenutrio

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