Otoño, que no es poco

¡Si yo tenía un blog!  ¡Anda, qué cosas! Mes y pico después, aquí vuelve un servidor, a contar cuatro cosas de las que han pasado en las últimas semanas en mi cada vez más atribulada existencia. La más sustanciosa es que soy oficialmente alumno de 1º de Derecho. Así, como suena. Y voy a mis clases todos los días por la mañana, tomo mis apuntes, leo los manuales y me comporto como un perfecto estudiante… ocho años después de haber empezado Periodismo. En apenas una semana tengo tantos apuntes como en seis meses de la anterior carrera. Lo que cada vez viene a darme la razón sobre la inutilidad de Ciencias de la Información, al menos tal y como está planteada ahora.
 
Me siento rejuvenecer. Rodeado de niños de 18, algún veteranillo con más de 20 que viene a Derecho Romano, y poco más. La juventud le sienta a uno bien. Tienen menos maldad, están menos asqueados de la realidad que nos rodea (muchos de ellos salen de casa ahora por primera vez), y traen un punto de ingenuidad que a muchos nos gustaría tener, y no andar preocupados de cómo pagamos las letras del coche, el alquiler, los plenos del Parlamento y si menganito va a denunciar a fulanito por aquello que le dijo y tiene que ir en la página tres. Debo confesar que la carrera me gusta por ahora, mucho. Tanto que no descarto, si la acabo en un tiempo límite, mandar a hacer puñetas periódicos y demás cuchufletas periodísticas para vestir toga. A ratos me asquea todo esto.
 
Santiago, por lo demás, sigue vibrante. La llegada de los estudiantes resucita a la ciudad dormida en el trasiego estival de los turistas, y nos pone sus calles como nos gustan a los más golfos, rebosantes de vida. La bendita piedra compostelana no nos cansa a algunos. Y por ahí siguen los de siempre, los que amenazan la cuarentena, los de la treintena y mi quinta, todos caracterizados por una sola cosa: aman la noche tanto como yo. Eso sí, este año estoy un poco más solo en Santiago. Gentes que considero importante en mi vida se me van a Madrid. Y que conste que me alegro infinito por estas personas, porque en la capital se forjó el "Quillo" actual, y la metrópoli es el mejor crisol de culturas que existe en nuestro país. Pero egoistamente las echaré de menos, porque aunque las viese poco, sí que las sentía cerca. Ahora… Bueno, sé que están allí, que debo una visita, pero no será lo mismo. Dejó de serlo hace algún tiempo. Me resisto a asumir eso, creo. Y eso me conduce al último punto del post, mi renovada soledad, totalmente voluntaria y trabajada. Ahora más que nunca, nadie merece aguantarme los 15′ diarios que tengo libres al día para mirarme al espejo. Si antes andaba ahogado, ahora la Facultad me ha desposeido del ocio. ¡Apenas hablo con mi casa (sea cual sea) una vez a la semana! Trágico.
 
Y por si no vuelvo a escribir en mucho tiempo, pues un fuerte abrazo a los que ya no compostolean pero llevan la piedra en su interior, y saben a qué suena la Berenguela en una noche de lluvia y niebla. Algunos seguiremos aquí, mientras el cuerpo aguante (y el trabajo siga pagando). Hasta muy pronto.

5 comments

  1. Con su boina calada, con sus guantes de seda, su sirena varada, sus fiestas de guardar, su vuelva usted mañana, su salvese quien pueda, su partidita de mus, su fulanita de tal. Con su todo es ahora, con su nada es eterno, con su rap y su chotis, con su okupa y su skin, aunque muera el verano y tenga prisa el invierno la primavera sabe que la espero en Madrid. Con su otoño Velázquez, con su Torre Picasso, su santo y su torero, su Atleti, su Borbón, sus gordas de Botero, sus hoteles de paso, su taleguito de hash, sus abuelitos al sol. Con su hoguera de nieve, su verbena y su duelo, su dieciocho de julio, su catorce de abril. A mitad de camino entre el infierno y el cielo… yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid. Aunque la noche delire como un pájaro en llamas, aunque no dé a la gloria la Puerta de Alcalá, aunque la maja desnuda cobre quince y la cama, aunque la maja vestida no se deje besar. "Pasarelas Cibeles", cárcel de Yeserías, Puente de los Franceses, tascas de Chamberí ya no sueña aquel niño que soñó que escribía, Corazó:n de María, no me dejes así… Corte de los Malagros, Vírgen de la Almudena, chabolas de uralita, Palacio de Cristal, con su "no pasarán", con su "vivan las caenas", su cementerio civil, su banda municipal. He llorado en Venecia, me he perdido en Manhattan, he crecido en La Habana, he sido un paria en París, México me atormenta, Buenos Aires me mata, pero siempre hay un tren que desemboca en Madrid. Pero siempre hay un niño que envejece en Madrid, Pero siempre hay un coche que derrapa en Madrid, Pero siempre hay un fuego que se enciende en Madrid, Pero siempre hay un barco que naufraga en Madrid Pero siempre hay un sueño que despierta en Madrid, Pero siempre hay un vuelo de regreso a Madrid.

  2. Lo que me faltaba, una canción más de Sabina con un sentido especial. Ya llevo… demasiadas. Pues otra más.
     
    "…Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido,que viene de la noche y va a ninguna parte,así mis pies descienden la cuesta del olvido,fatigados de tanto andar sin encontrarte…"

  3. "…En el cuaderno de bitácora de Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal 
    En el Mercado de Legazpi, en el Teatro La Latina, en el Bronx de Fuencarral
    Donde se enrollan las persianas al revés y follan las marcianas con Don Hilarión;
    en la aduana entre la China y el Magreb, en la pequeña Habana, esquina Torrejón.
    Dios y el Diablo son de aquí; pongamos que hablo de…"
     
    Nos veremos. Palabra.

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