Hay cine en mi pueblo!!

Ya, claro, ahora vendrá el listo de turno a decirme que esto no es precisamente una noticia. Y no le falta razón, porque que en un pueblo haya cine es, o al menos debería ser, una cosa muy normal. Pero en Ayamonte pocas cosas hay normales.  Aquí antaño había un cine. El Cardenio. Y era bien bonito. Era un teatro de mediados de siglo, desangelado como pocos, con unas sillas de madera incomodísimas, en el que cuando hacía frío te querías morir, y donde la acústica era una palabra desconocida, que sonaba a polaco del de Varsovia, no del de las Ramblas. Tenía su encanto. Yo recuerdo que la temporada de cine arrancaba tarde. Vamos, allá para el mes de… de… creo que cerca de la primavera. Y las películas llegaban con cierto retraso. Era normal, por otro lado. En aquellos lejanísimos años 80, la exhibición de la capital pasaba a las provincias, y por aquello de ser el último pueblo de la costa antes del río y Portugal, todo llegaba Dios sabe cuándo. Tan es así que Titanic llegó a Ayamonte cuando faltaban un puñado de días para que saliera en VHS. Un auténtico desastre.
 
Pues hará unos siete años que el Ayuntamiento, en una de esas pocas cosas razonables en el campo de la cultura que hizo el anterior alcalde, compró el Cardenio y lo rehabilitó para usos municipales. Pero en las obras de remodelación se eliminó la cabina de exhibición, por lo que se perdió la posibilidad de ver películas de ningún tipo. Así, durante siete largos años los avispados cinéfilos ayamontinos, que los hay (yo levanto el dedo el primero), nos veíamos obligados a emigrar en romería a Lepe o Islantilla al cine, con el consiguiente engorro de coches y horarios. Siete años después, cuando se ha abierto en Ayamonte el primer centro comercial digno, han puesto un multicines para dar los taquillazos y demás. Por algo se empieza.
 
Pero como todo en este pueblo mío se hace con la cabeza bajo agua, a nadie se le ocurrió que hacer desembocar en una misma carretera a la gasolinera más barata de España atiborrada de portugueses, los accesos desde el puente internacional, el multicines, el centro comercial y dos grandes superficies podría colapsar el vial. Y ahora, transitar por la conocida como "carretera del Parador" (porque en lo más alto está el Parador de Turismo, ya van viendo que originales somos aquí en el terruño pa esto de los nombres) es lo más parecido a querer adelantar en la Castellana a las 8 de la mañana de un lunes. Maravillas de lo rústico.
 
Volviendo al inicio, esto de que tengamos cine nos saca ya del tercermundismo y el provincianismo. Al menos en la teoría, porque en la práctica es otro cantar. Ya podemos presumir de tener cine, auditorio, palacio de congresos, dos pabellones deportivos cubiertos, estadio de fútbol de cesped natural y otro de artificial, zoológico, polideportivo, puerto deportivo, playas, centros comerciales y 4.000 portugueses. Estos últimos dan mucho la lata, pero se saben conjugar con sevillanos y madrileños para hacer del turista un ente heterogéneo. Viva la multiculturalidad. Ea, ya somos un pueblo de primera. ¿O acaso eso no lo dan los millones gastados en ladrillos?
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