Dino, abogado

¿Suena demasiado feo? Estoy barajando la posibilidad de estudiar Derecho. Bueno, de comenzar a estudiar la carrera, pillándome un par de asignaturas al año, poco a poco, y así aportarle algo más a esta existencia desestructurada que llevo. Sería aquí, en Santiago, y dado que la Facultad de Derecho es una de las más conservadoras del campus, no parece que el idioma vaya a ser un problema. Está llena de invasores españolistas que utilizan esa lengua colonizadora y homogeneizadora que es el castellano, así que puede que me entiendan. Es más, no hay una sola asignatura referida a la lengua gallega. No es que sea un alivio, pero soy de los que piensa que cuando uno habla un idioma oficial en su país y extendido a 400 millones de ciudadanos, ¿no es mejor obviar una lengua que hablan apenas 3 millones y centrarse en otra algo más… internacional? Y que no se me ofendan gallegos, vascos y catalanes, que no es mi intención. Esto de los idiomas vernáculos tiene mucho de cultura propia, y los que no somos de las llamadas "nacionalidades históricas" tenemos una visión menos apegada a la lengua. Cosas que pasan.
 
Abogado. Ya, dirá usté, señora, que veo demasiadas series en televisión. Que Boston Legal y Ally McBeal son al derecho como el Don Simón al vino de Rioja. Y le doy la razón. Pero quiero volver a estudiar. Necesito sentir que hago algo práctico en mi vida, que no todo es deslizarse por la senda del placer excesivo y perecedero. Voy a intentarlo, sólamente. Una matriculilla de nada, que con un poco de suerte conseguiré que algún familiar me financie (me pague), por aquello de que es una extensión de mi formación académica, y en su día, hace cosa de cuatro años, me prometieron que si volvía a estudiar me ayudarían. Es hora de renovar compromisos, queridos progenitores! Derecho. Es cosa de gente seria. Y me parece que es una carrera de la que puedo aprender cosas prácticas, como por ejemplo claves fundamentales para desmontar mentiras de los políticos, esos interlocutores míos tan habituales en mi actual profesión. Y qué demonios, si a los 35 acabo y veo que aun no me he hecho rico, monto despacho de abogados y a tomar por saco el periodismo, que es precioso pero muy sacrificado. ¿No?

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