Adelgazar

Me toca perder peso. Lo sé. Así que todo comentario dirigido a hacerme ver que estoy por encima de lo que debería marcar la báscula ya no es agradecido, porque soy consciente de ello. Hay que comer sano, dice mi viejo. Nada de grasas, y tengo proscritos los chuletones, los palitos de merluza, las croquetas, y demás ricos rebozados. Casi me tengo que despedir también del pollo empanado, con lo rico que me sale. Pollo sí, pero a la plancha, como los enfermos. Y mucho verde. Mi vida son menestras, revueltos, ensaladas, aliños y demás guarrerías saludables. Fruta pa aburrir. Hacía cerca de un año que no me comía un melocotón, y dos juntos ya ni me acuerdo. Y unas cerecitas, de esas de tragar a puñaos. Y mucha agua. Pero me quieren prohibir los helados. Y por ahí no paso. ¿Y el chocolate? ¡¡Y la cerveza!! Adelgazar es un sufrimiento, es una penitencia por la que todos debemos pasar en esta vida, pero que a mi me visita eventualmente. Suele coincidir con las rebajas, cuando me pruebo cosas de un año que no me valen para el siguiente porque mi cuerpo ha retenido demasiados azúcares del JB, el Brugal y la cerveza. Y claro, hay que reducir volúmenes. Voy a hacer trampa. Porque lo suyo es meterse en el gimnasio a dieta de bicicleta estática y dale que te pego hasta que sudes el postre de la boda de tu prima, aquella que se casó en el 94. Pero los gimnasios y yo tenemos un enfrentamiento histórico. Todo lo más que me consiguieron retener dentro fueron unos meses. Lugo huí. Y conocí la videoconsola. Así que siguiendo consejos de un viejo verde (por aquello de que tengo un padre vegetariano), voy a darle al té rojo y a la L-Carnitina pa quemar grasas. Yo no creo en esos potingues, pero como esto no es cuestion de fe sino de ciencia, pues ale, química pa el cuerpo y a enfundarme una 42 de pantalón, que todo puede (y debe) ser posible.
 
Pero transitando hoy por los pasillos de potingues dietéticos del Hipercor he descubierto que la industria alimenticia es perversa. O eso, o está poseida por un demonio que solo busca atormentar a los glotones. Porque inventar unas albóndigas vegetales no tiene otro nombre. Es una de las mayores cochinadas que he oido en mucho tiempo. Casi tanto como el de la compresa perfumada o la Coca Cola sin azúcar pero con el mismo sabor. Oiga mire, no. Si la albóndiga consiste en carne picada y condimentada, ¿me explica usté señora cómo diantres hace albóndigas sin la carne? Ya claro, con tofu. ¿Pero no dijimos que de guarrerías no se podía hablar? Que si viene de China, que si procede de la soja, que si no engorda… Oiga, si usted quiere adelgazar, pues se priva de unas cuantas cosillas y hace ejercicio. Pero engañarse a sí mismo pensando que está saboreando unas ricas albóndigas de carne de ternera cuando está masticando un cochino queso chino (la rima no estaba buscada, lo juro), me parece el colmo de la hipocresía.
 
Yo de todo eso no opino, porque albóndigas sólo como cuando bajo al Sur. Yo soy más de verme afectao por las restricciones etílicas, que dicen que sienta fatal el alcohol para las dietas. Ahí si que podían portarse y hacer un whisky que no engordara, que eso sí que es útil y no unas albóndigas de tofu. La madre que trajo al que inventó el colesterol…
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3 comments

  1. tio..no me seas que pa estar a dieta no es necesario sangrar 4 euros por unas rebanadas dieteticas que saben a corcho…come bien y punto,soporculero. y si quieres dietas yo te paso las de nature house,que fijate tu que figurin se me ha quedao a cuenta de la dieta de la piña….xD
    ….por cierto,seria lo suyo que la del cucurucho tambien la siguieras,es mucho pedir??
    besos!

  2. estoy en ello cantabrilla. y no, no pienso comer las rebanadas esas dietéticas. lo siento. la dieta de la piña no la conozco, no. va a ser eso de la piña que te has quedao asi de rica tu…

  3. Tienes dos opciones: o hablar más con el Guadiana, como hace Manuela o coger la bici como hago yo cuando mi escaso tiempo me lo permite. Aunque, en realidad, creo que lo que me adelgaza es estar al tanto de un equipo que me da tantos cabreos. Me cuesta creer que estés alcanzando la talla de quien tú yo sabemos… Un abrazo, monstruo. Antonio. 

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