Las casi-democracias

En el reparto desigual de las riquezas de este mundo caben también los regímenes políticos. Restan un puñado de dictaduras en el tercer mundo, casi proscritas por Naciones Unidas, aunque enmascaradas en sistemas democráticos muy incipientes. Basta mirar a Africa, al Sudeste Asiático y poco más. Por otro lado están las tiranías evolutivas, como el modelo comunista chino, que abandona los pragmatismos de la hoz y el martillo de Mao para poco a poco expandirse y desplegar su potencial económico y humano. 1.300 millones de personas son una mano de obra sencillamente inconmensurable. Antes o después, estos países en evolución, que caminan hacia adelante dejando atrás prácticas autoritarias y represivas, abrazarán esas libertades a las que tanto miedo les tienen. Entre ellas, las de expresión y opinión. La cultura de la democracia tarda en cuajar en aquellos que no están acostumbrados a ella, pero una vez se consigue, arrancarla es casi como amputar un brazo a una persona.
El caso contrario está ocurriendo en algunos países sudamericanos y, más cerca de nosotros, en Rusia. Da la sensación que después de haber conquistado una incipiente democracia, dan pasos hacia atrás peligrosamente, sin mirar si se aproximan al precipicio. Me referiría al mundo musulmán, pero quien jamás tuvo cultura democrática y se guía por los mensajes de su imán, ni la extraña ni sabe lo que significa. Dejemos a la media luna en paz, que ya tienen suficiente ellos solos. A lo que iba. Proliferan en Iberoamérica personajes populistas que enarbolan la bandera de la revolución socialista y un reparto más equitativo de la riqueza entre las distintas clases sociales. Se hacen llamar políticos de izquierda, supuestamente cercanos a movimientos de derechos civiles y próximos a regímenes de grandes libertades para sus ciudadanos. Pero tristemente no es así.
Rafael Correa, el actual presidente de Ecuador, censura cotidianamente a los medios de comunicación porque dice que no relatan con veracidad lo que ocurre en su país. O lo que es lo mismo, que no dicen lo que él quiere que digan. Evo Morales viene cortadito por el mismo patrón. Y de Hugo Chávez qué podemos decir que no se sepa ya. Bueno, añado yo que quiere cerrar un canal privado de televisión porque critica sus gobiernos. Esta alergia a que los informadores ejerzan su trabajo, ¿es propia de una democracia? ¿Son los medios el termómetro que indica la salud de un sistema político? Si fuera así, buena parte de Sudamérica padece una rara fiebre que se extiende como la gangrena por los países vecinos, de la que únicamente parecen vacunados Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y el Brasil. Me produce terror pensar si hubiera ganado López Obrador en México.
En Ecuador, Venezuela o Bolivia los críticos con el poder gobernante son tratados como disidentes, al más puro estilo cubano, esa preciosa isla caribeña donde el Comandante lleva medio siglo ahogando a sus súbditos en la miseria y encarcela a quien no piensa como él. Vale que sea Cuba y Castro un tirano sin remedio. ¿Pero y Rusia? ¿Acaso es mejor Vladimir Putin, un señor que reprime manifestaciones de los grupos opositores? ¿No se le supone a la antigua URSS un escarmiento tras vivir medio siglo detrás del Telón de Acero? ¿Quien quiere una democracia donde no puedes disentir, donde no puedes manifestarte en contra del poder, donde no puedes opinar, donde no tienes el derecho a elegir algo diferente al régimen, donde no puedes desarrollar una individualidad fuera de la masa oficialista? ¿Es que esto merece ser llamado democracia?
El mundo tropieza aquí una y otra vez. Nosotros miramos hacia otro lado, porque ya sufrimos casi 40 años a aquel señor de Ferrol que con su yugo y sus flechas retrasó la modernidad en España hasta finales del siglo XX. Europa ha aprendido de sus tiranos, que los tuvo y muchos, y parece haber evolucionado. Estados Unidos vive en su singular democracia asimétrica, y puede que tenga buena culpa de que el planeta esté como está. ¿Y los demás? Salvadas las excepciones anteriormente mencionadas, el continente austral, Japón y un puñado más de naciones repartidas por Asia, ¿en qué mundo vivimos?

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