Mi reino por la Fontana (dias 1 y 2)

Roma, ciudad imperial… pero sucia. Ya, no es la mejor manera para definir a la ciudad, si no fuera porque es la mas fuerte impresion que me he llevado en estos dos primeros dias pateando la capital italiana. Todo aqui es monumental, y a la vuelta de la esquina tropiezas con restos de cuando Augusto gobernaba o Neron quemaba la ciudad mientras tocaba el arpa, pero desprende una sensacion de falta de cuidado y de desprecio por la limpieza que la convierten en una urbe en la que yo no viviria. Ademas, Roma es sinonimo de caos. Los coches apenas respetan los semaforos o los pasos de cebra, y tu, pobre peaton, deber sortearlos como buenamente sepas o puedas. Los transportes publicos son muy deficientes. Apenas dos lineas de metro, una de las cuales cierra a las nueve de la noche, aunque tienen precios asequibles y ofertas para viajar uno, tres o siete dias. Y si la superficie de la ciudad es un basurero, lleno de pintadas (que no graffities) y restos por el suelo, imaginese signora (me falta mi egne, cogno!!) como no estara el inframundo suburbano del metro. Pa echarse a llorar.
 
La vida aqui no es mucho mas cara que en nuestro pais (ese que no puedo escribir por faltarme una letra en este teclado transalpino de la pugneta), aunque creo que es todavia mas acelerada que en Madrid o Barcelona. Todo el mundo tiene prisa. Y todo el mundo esta en la calle al mismo tiempo, lo que sumado a los turistas que invadimos Roma todo el agno (y ahora es temporada baja) hacen de la ciudad un sitio donde andar tranquilamente es sencillamente imposible. Todo esta masificado. No hay espacio para disfrutar en soledad los nimios placeres que ofrece la urbe imperial por excelencia.
 
Pero a la que no le hace falta nada es a ella, a la Fontana di Trevi, donde Anita Ekberg sedujo a Mastroianni en aquella "Dolce Vita" de Fellini, y lo mojo hasta los horcajones, cegado por la rubia belleza de la sueca. Llego a ser yo y le nado los 100 metros estilos en la fuente. Mas alla de la belleza intrinseca de la escultura de Neptuno (creo que es ese, si no, pues busquen en los libros de arte, legne), la Fontana respira paz con ese murmullo del agua incesante. Da igual que haya 200 personas desgastando sus formas con fotografias y grabaciones domesticas. El arrullo del agua sumerge al visitante en un letargo, en una especie de suegno que forma una campana con el mundo que le rodea y le devuelve a esa necesaria soledad. Es un sitio especial, y para el que despues de la foto, hay que bajarse cerquita del borde para sucumbir al hechizo del agua que mana. Un placer.
 
Por lo demas, estoy algo cansado de ruinas. Vale, si, el Coliseo es grande que te cagas, los romanos tenian un imperio de agarrate y no te menees, pero mi imaginacion no me da para imaginarme toooooodo lo que veo destrozado y con dos piedras mal puestas. O me lo reconstruyen, o me hacen ahi un Carrefour, pero dejar cuatro capiteles y decir que ahi estaba el templo nosecual, pues oiga, no. Otro cantar son las plazas y algunas iglesias romanas. La Piazza Navona es tambien un remanso de tranquilidad en el inagotable barullo romano. Sus artistas, sus terrazas, sus fuentes, sus musicos… Hace que el tiempo se detenga por unos instantes y descansemos de las caminatas que nos hacen subir y bajar las odiosas siete colinitas de la ciudad. No pudieron buscarse un llano Romulito y Remo, no, tuvieron que ser siete colinas. La madre que les trajo…
 
Piazza Spagna tiene un gran secreto, y es ver el atardecer desde lo alto de sus escaleras. Preciosas tonalidades anaranjadas que bagnan el perfil de la ciudad. Tan solo si no estuviese SIEMPRE llena de gente… Y la plaza del Panteon tambien respira vida, con el Albergo Abruzzi en una esquina y las gelatterias y trattorias al otro. El Trastevere es la antitesis de todo esto. Son edificios en ocasiones mas antiguos que los del centro, pero todavia mas descuidados. Quizas no me crea nadie, pero da mas sensacion de abandono Roma que Estambul. Tiene narices. Callejuelillas hasta llegar a Santa Maria del Trastevere, con esos impresionantes frescos en su fachada.
 
De las iglesias os hablare magnana, porque si no, hoy no acabo de escribir, y necesito unas dos horas mas para descansar los pies, que vaya tute me estoy pegando de andar. Roma no me entusiasma, pero tampoco me espanta.
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