Casino Royale

Servidor, fan de James Bond de toda la vida, acaba de regresar de ver "Casino Royale", y se entremezclan muchos sabores en el paladar tras degustar la película 21 de la filmografía "oficial" de la saga de 007. Porque no tengo un veredicto claro. Y no lo tengo porque tras cuarenta años gozando de un prototipo de película de Bond, con sus chicas despampanantes, sus artilugios, las gracietas de Q y Moneypenny y la melodía habitual cada vez que el superagente sale exitoso de una secuencia peligrosa, es difícil aceptar que se quieran romper moldes. Entiendo que los productores de la saga, Michel G. Wilson y Barbara Broccoli hayan querido reconvertir la franquicia en algo más que películas de acción, que hayan querido hacer evolucionar una serie que parecía algo acartonada (aunque a los fans nos entusiasmase así), y el resultado final es de esos que hay que pensarse mucho.
 
Porque, sin querer desnudar la película, aquí hay otro Bond. Hay un personaje más tosco, más juvenil pero a la vez mucho más maduro y castigado por la vida que los anteriores bon vivants que interpretaron al espía. Daniel Craig, que de entrada choca por no seguir los cánones habituales del 007 (es rubio y algo pinturero, pa que negarlo), consigue darle una impronta propia al papel. Podrá gustar más o menos, pero no se parece a casi nada de lo visto, y si tuviera que ser algo, sería el Connery de "Agente 007 contra el Dr. No", que todavía torcía el gesto y evitaba sonreir para no mostrar debilidad.
 
Hay algo de estilo propio del personaje que no se ha perdido, aunque no se derrocha como en anteriores películas. Se huye del histrionismo, de la broma fácil, aunque gracias a Paul Haggis haya algunos diálogos que pasarán a la historia como los mejores de la saga cinematográfica. Se satirizan tópicos de la serie como la bebida o el coche, por no hablar de las relaciones de Bond con las mujeres. Desde luego, aquí sí que es un machista convencido. El contrapunto de Eva Green como Vesper Lynd me ha sorprendido. Es mucho más guapa de lo que aparentó en "El Reino de los Cielos", y seguramente sea mejor actriz que su dobladora. Esa es otra, vaya espantoso doblaje, señores, ¿por qué no se deja de monsergas ZP y su ministra de Sanidad e imponen la V.O., que seguro que es más sana que la hamburguesa XXL?
 
Y la historia… Creo que es lo más flojo. Las escenas de acción son tan intensas y algunas tan espectaculares como la persecución que abre la película que el argumento queda algo diluido. Las partes romanticonas levantan demasiado el pie del acelerador de una película que, en general, tiene un buen ritmo, aunque parece que le han metido demasiada tijera en la sala de montaje. Aun así, casi dos horas y media de Bond. En definitiva, 007 se reinventa a sí mismo ubicando la historia en sus comienzos, y enseñándonos los porqués del personaje, su pasado, sus circunstancias y sus motivaciones. No sé si es una excusa suficiente para tantos cambios, pero desde luego que esa excusa ya no valdrá para la siguiente película. Todo ha cambiado para que Bond siga siendo Bond, en una película distinta, que no dejará a nadie indiferente, pero que puede ser la primera entrega de un agente secreto que lucha por modernizarse y no quedar engullido por la vulgaridad del cine actual. Valiente apuesta, aunque haya que verla varias veces para digerirla.

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